Ver para volver a creer
Libre comercio en Las Américas el 2005
Patricio Navia
Época, No. 843, abril 22,
2001
Siete años después que los líderes americanos y
del Caribe anunciaran, , con bombos y platillos desde la tropical Miami, la
creación de una gran zona de libre comercio el 2005, los cancilleres de las
Américas (excepto Cuba) reiteraron, esta vez en Buenos Aires, la voluntad de
lograr adoptar un Área de Libre Comercio en las Américas (ALCA) antes de
diciembre de ese año.
El encuentro de cancilleres se realizó como
preparación a la tercera Cumbre de las Américas que se realizará en Québec el
20 de abril. En 1994 en Miami, el presidente Clinton prometió extender los
beneficios del libre comercio al sur de México. Validado por la puesta en
marcha de NAFTA en enero de ese mismo año, Clinton logró transmitir su
entusiasmo por derribar barreras comerciales. El plan, entonces, consistía en
negociar primero con Chile, candidato propicio para un acuerdo por sus ya
reducidas trabas al comercio internacional, para luego extender progresivamente
la zona de libre comercio al resto del continente.
En la Segunda Cumbre, realizada en Chile en 1997,
el entusiasmo inicial había disminuido. La negativa del Congreso estadounidense
a entregar a Clinton la autoridad de ‘vía rápida’ para negociar acuerdos había
desrielado el cronograma inicial. Sin la certeza de que el Congreso fuera a
ratificar un acuerdo sin introducir enmiendas proteccionistas o restrictivas,
el gobierno de Clinton y los chilenos prefirieron esperar una ocasión política
más propicia. El escándalo político que sacudió a la Casa Blanca en 1997 puso
fin a las expectativas de conseguir la autorización de vía rápida (fast-track)
durante el mandato del demócrata. Sólo semanas antes de concluir su período, y
en un gesto más bien simbólico, Clinton anunció junto al nuevo presidente
chileno, Ricardo Lagos, que las negociaciones para un tratado de libre comercio
entre los dos países se iniciarían de cualquier forma en enero de 2001. Aunque
el gobierno chileno se mostró entusiasmado, los analistas consideraron que
habría que esperar a ver qué prioridad le daría al tema de libre comercio el
presidente Bush antes de celebrar victoria.
Aunque Bush realizó su primera visita de estado a
México (y no Canadá como era tradicional), algunos de los nombramientos claves
de su administración en asuntos de América Latina parecieran indicar que más
que libre comercio, en la política exterior de la nueva administración primará
la lógica de la guerra fría. Y aunque el presidente anunció que solicitaría la
autorización de vía rápida al congreso, su empecinamiento en empujar un
proyecto de ley de rebaja tributaria le ha granjeado ya bastante enemigos en el
Capitolio de Washington, algunos dentro de su mismo partido.
Así y todo, el nuevo presidente estadounidense
sorprendió cuando invitó a Latinoamérica a apurar el ritmo de las negociaciones
y lograr una zona de libre comercio el 2003. Brasil entonces mostró su músculo
político y se alzó como el principal opositor a apurar la lenta y alicaída
negociación para la integración comercial. Después de haber fustigado a Chile
por querer negociar con Estados Unidos fuera del marco de MERCOSUR, el gobierno
brasileño recordó que las principales trabas para el libre comercio pasan por
la necesidad de subsidiar su industria para así generar más empleo en el país y
por las barreras que impone Estados Unidos a muchos productos de la región.
Después de la reciente reunión de cancilleres en
Buenos Aires persisten muchas dudas. Aunque las negociaciones multilaterales
deberían comenzar el 2002, ya están negociando bilateralmente las delegaciones
chilenas y estadounidenses. ¿Continuarán esas negociaciones en forma paralela o
se incorporarán a la ronda continental? ¿Intentará el presidente Bush obtener
la autorización de vía rápida del Congreso antes de que comiencen las
negociaciones o dejará ese pleito político para después del 2002 (cuando en las
elecciones los demócratas probablemente vuelvan a recuperar el control del
Congreso)? ¿Estará en condiciones el presidente estadounidense de dar la
batalla por ALCA el mismo año que busque su re-elección presidencial?
En las reuniones preparatorias para Québec, los
representantes estadounidenses han insistido que el libre comercio es sólo uno
de los temas de la cumbre. El entusiasmo con que los gobiernos latinoamericanos
celebraron la declaración de Buenos Aires sumado al escepticismo que existe
entre los analistas y observadores sobre la posibilidad de que el 2005 exista
ALCA hará que el éxito de la cumbre de Québec se mida con la vara de los
avances en el tema de integración comercial.
La situación hoy no es igual a 1994: ya hay mas
integración económica y también se ha avanzado en los acuerdos bilaterales
entre muchos países de la región. Pero el entusiasmo de Miami ha dado paso al
escepticismo. Por eso, para que la opinión pública recupere confianza en el
futuro de ALCA, en los próximos meses las cosas tendrán que avanzar a un ritmo
mucho mayor que el observado en estos últimos siete años.