Hoy vas a
entrar en mi pasado...
El fantasma
de Vietnam regresa a Estados Unidos
Patricio
Navia
Época 847, mayo 14, 2001
El ex
senador demócrata por Nebraska Bob Kerrey probablemente no conozca la letra del
tango de Enrique Cadicamo, pero la reciente revelación hecha por el New York
Times sobre la matanza de mujeres y niños en la que participó como joven combatiente
en Vietnam en 1969 lo han dejado a él y a la opinión pública estadounidense con
el ánimo como para escuchar tangos.
Kerrey,
senador por dos períodos (1988-2000), en 1992 intentó alcanzar la nominación
demócrata para la presidencia, pero fue derrotado por Bill Clinton. Aunque su
nombre sonó como posible candidato vicepresidencial, la animosidad que nació en
la campaña entre ambos demócratas llevó a Clinton a escoger al senador por
Tennessee Al Gore. Kerrey no olvidó y cuando Clinton se vio involucrado en su
escándalo sexual, el senador de Nebraska fue uno de los demócratas que más
rápidamente marcó distancia del presidente.
Aunque su
nombre sonó fuerte a comienzos de 1999 como posible pre-candidato demócrata a
la Casa Blanca, Kerrey optó por no competir contra Gore. Luego anunció que no
buscaría la re-elección en noviembre de 2000. La siguiente revelación de este
farmaceuta divorciado y padre de dos hijos intrigó a sus adversarios. Kerrey
aceptó la posición de presidente (rector) de New School University en Nueva
York, una institución privada que albergó a la memorable escuela post-marxista
de Frankfurt y que ahora es líder mundial en áreas tan diversas como
pensamiento filosófico contemporáneo y el diseño gráfico. A ojos de muchos,
Kerrey (que a mediados de los 80, después de su divorcio, alcanzó cierta
frívola notoriedad al tener un noviazgo con la actriz Debra Winger) quería
diversificar su currículo y prepararse para volver a intentar conquistar la
Casa Blanca el 2004. Después de todo, para esa fecha el ex senador tendría
recién 61 años.
Pero una
reciente revelación sobre una matanza de civiles en la que participó Kerrey
mientras combatió en Vietnam echaron por tierra las aspiraciones presidenciales
del ex combatiente galardonado con una medalla de honor y de paso reabrieron
muchas de las heridas que los estadounidenses han estado intentando cerrar
desde que ese país abandonó Vietnam en 1975.
Kerrey, que en 1969 estaba al mando de una unidad en Vietnam, llegó a
una aldea en busca de simpatizantes del Vietcong. Solo encontraron mujeres y
niños. Aparentemente al ser atacados, los soldados estadounidenses respondieron
abriendo fuego sobre la aldea. El resultado fue al menos 13 víctimas fatales,
todas mujeres y niños desarmados. A los meses, al ser herido en batalla y
perder parte de una pierna, Kerrey terminó su participación en Vietnam. A su
regreso en Estados Unidos recibió una medalla de honor, luego fue exitoso
empresario y en 1982, al ser elegido gobernador de Nebraska, inició una exitosa
carrera política.
Pese a las
revelaciones, es poco probable que el gobierno le retire la medalla de honor.
Pero la carrera política de Kerrey ha terminado. De intentar un regreso, las
dudas sobre su actuación en Vietnam, su prolongado silencio y su decisión de
hablar solo días antes que el New York Times publicara su historia serán motivo
suficiente para que la prensa y sus oponentes se hagan un festín de la tragedia
que experimentó el entonces joven combatiente de Vietnam. En una declaración pública, Kerrey indicó que decidió
hablar sobre el asunto finalmente con la esperanza de que en el futuro Estados
Unidos considere más cuidadosamente su decisión de involucrarse en
enfrentamientos armados, “además de pedirle a los jóvenes que arriesguen sus
propias vidas, les estamos pidiendo que arrebaten las vidas de otros.”
Una vez más
los Estados Unidos se encuentran con su doloroso pasado en Vietnam. Esta vez
fue a través de la revelación de que uno de sus héroes dirigió una escaramuza
militar donde al menos trece mujeres y niños fueron asesinados. Sin querer,
Kerrey invitó a la opinión pública estadounidense a, como en el tango, entrar
en su pasado. La dificultad de la
sociedad estadounidense para entender los motivos que llevaron a ese país a
Vietnam, el dolor por los 50 mil estadounidenses que allí murieron y la
incredulidad ante la matanza indiscriminada de cientos de miles de civiles
vietnamitas hacen que el título del gran tango de Cadicamo (“Los mareados”)
corresponda fehacientemente al estado de perplejidad en que se encuentra la
opinión pública estadounidense cada vez que reaparece la trágica historia de
Vietnam, con nuevos recuentos y memorias de inocentes víctimas vietnamitas y
confundidos jóvenes victimarios estadounidenses.