Fox a un año de su histórico triunfo
Patricio Navia
Época, 853, 22 de junio, 2001
Al volver de su viaje más reciente (a Corea,
China y Japón) y a menos de un mes del primer aniversario de su histórico
triunfo electoral del 2 de julio, el presidente Fox no parece estar con ganas
de celebrar. Aunque tampoco tenga razones para sentirse decepcionado, el hombre
que derrotó con los votos al Partido Revolucionario Institucional (PRI) ve hoy
disminuida su popularidad disminuida y trabadas sus iniciativas legislativas.
Durante su campaña, Fox resaltó dos grandes
ejes de lo que sería su política de gobierno: la solución a los problemas
indígenas que permitiera la pacificación de los rebeldes zapatistas de Chiapas
y una reforma tributaria que permitiera al estado obtener mayores recursos para
así poder implementar políticas distributivas que permitan combatir la pobreza
que asola a la mitad de los 100 millones de mexicanos. Como ejes secundarios de
su programa, Fox habló de una integración comercial, social y política con
Estados Unidos que aborde también el problema de los millones de mexicanos que
residen ilegalmente en ese país. También aseguró una mayor integración con el
resto de América Latina a través de acuerdos de libre comercio y una
participación más activa de México en temas multilaterales, como los derechos
humanos. Finalmente, el presidente prometió terminar con la corrupción,
problema endémico de los gobiernos de las últimas décadas.
Luego de nombrar un gabinete plural, que
incluía desde economistas neo-liberales de la Universidad de Chicago en
Hacienda hasta intelectuales de izquierda en la Oficina de Seguridad Nacional,
Fox asumió la presidencia y se abocó a sus dos prioridades: la ley indígena y
la reforma fiscal. Una marcha de los insurrectos Zapatistas con su líder, el
Subcomandante Marcos, a la ciudad de México permitió al presidente empujar al
Congreso Federal a aprobar la ley indígena, un acuerdo amplio que incluía una
reforma constitucional negociado durante la administración del presidente anterior,
Ernesto Zedillo. Pese al entusiasmo de
Fox, los parlamentarios de su propio partido, el derechista Acción Nacional
(PAN), sólo aprobaron la Ley Indígena después de eliminar algunas de las
reclamaciones esenciales de los zapatistas. Así pues, aunque ahora México
cuenta con una nueva Ley Indígena, ésta carece de la legitimidad necesaria para
dar por cerrado el conflicto armado en Chiapas que lleva ya 7 años.
La incapacidad del presidente para liderar a su
propio partido ahora amenaza con abortar la reforma tributaria. La bancada del
PAN, primera mayoría relativa en el Congreso, no ha salido al paso de las
críticas de la oposición al aumento generalizado del IVA y a la extensión de
este gravamen a los alimentos. Aunque probablemente el presidente logre aprobar
una reforma, su temor actual es que ante la presión de la oposición y con la
complicidad del PAN, ésta no excluya elementos fundamentales. De nada serviría
al presidente una reforma tributaria que no genere suficientes nuevos recursos
para implementar el programa social que prometió en su campaña.
Al ver trabadas y aminoradas su dos principales
promesas de campaña, Fox ha debido resaltar los éxitos en el proceso de
reinserción de México en el mundo. Liderado por el hábil ministro de relaciones
exteriores Jorge Castañeda, el nuevo gobierno ha conseguido mantener la
popularidad y el entusiasmo internacional. Hoy por hoy, el presidente mexicano
es mucho más popular fuera que dentro del país. Al lograr que Estados Unidos
incluyera en la agenda bilateral el tema de los mexicanos indocumentados y
reconociera que el combate al tráfico de drogas es asunto tanto de demanda
estadounidense como oferta latinoamericana, México cambió radicalmente la
históricamente débil posición de negociación que había tenido ante Estados
Unidos.
Aunque en la lucha contra la corrupción también
se han logrado avances. Pero muchos creen que mientras no se indaguen y juzguen
los casos emblemáticos de corrupción durante los últimos gobiernos del PRI, no
cambiara la cultura nacional que sustenta estos ilícitos. En semanas recientes
se ha oído con más fuerza voces que piden una investigación acuciosa de la
histórica matanza de estudiantes en 1968 y de casos más recientes de crímenes
políticos, desfalcos, malversación de fondos y asociación ilícita para
delinquir. Pese a que prometió durante la campaña la formación de una comisión
de la verdad, Fox sabe que debe buscar un balance adecuado. Si reniega de su
promesa, lo acusarán de complicad con la corrupción. Si en cambio decide formar
ahora dicha comisión, sus críticos dirán que busca un chivo expiatorio que
desvíe la atención pública de la incapacidad de su gobierno para aprobar sus
principales iniciativas legislativas.