¿Resucita
el PRI en México?
Patricio
Navia
Revista
Época #861, agosto 17, 2001
La elección
del joven político Manuel Andrade (35 años), candidato del Partido
Revolucionario Institucional, como gobernador de Tabasco ha devuelto las
esperanzas de poder al partido que gobernó México desde 1929. El
reposicionamiento del PRI se produce cuando se comienza a notar el desgaste del
primer opositor al PRI que ganar una elección presidencial. El militante del
Partido Acción Nacional (PAN), Vicente Fox logró un sorpresivo e importante
triunfo en las elecciones de julio y asumió la presidencia de México en
diciembre del 2000. La carencia de una mayoría PANista en el Congreso y la
falta de disciplina al interior del propio PAN—amén del enfriamiento de la
economía estadounidense, principal socio comercial de México—han complicado al
nuevo presidente. La aprobación parcial de la ley indígena, iniciativa
promovida por el presidente y por los rebeldes guerrilleros zapatistas del
estado de Chiapas significó una derrota para el gobierno. La férrea oposición
actual al proyecto del ejecutivo que busca aumentar los impuestos para así
poder financiar su ambicioso plan de inversión social amenaza en transformar la
segunda iniciativa más simbólica del presidente en una nueva demostración de su
incapacidad para forjar consensos en el dividido Congreso mexicano.
Tabasco es
un estado de importancia simbólica para el país. Como la segunda entidad
federativa líder en la producción de petróleo y gas natural en el país, Tabasco
ha desarrollado una relación histórica de dependencia y clientelismo con el
gobierno federal. La influencia histórica de los sindicatos de trabajadores de
la estatal PEMEX—Petróleos Mexicanos—y la importancia estratégica y económica
de la producción petrolera para el país han convertido a Tabasco en un estado
mucho más importante que lo que su tamaño y ubicación geográfica harían pensar.
Con una población de 1,9 millones de habitantes, Tabasco ocupa el vigésimo
lugar entre los 31 estados del país. Sólo el 2% de los mexicanos vive en ese
estado. Y pese a su abundante producción de crudo, ese estado sólo contribuye
al 1,2 del Producto Interno Bruto nacional, ya que la mayoría de las refinerías
están ubicadas en otros estados. En ese sentido, Tabasco es a México como muchos
de los países del tercer mundo son a los países industrializados: productores y
exportadores de materia prima.
Después de
serias acusaciones de fraude, uso indebido de fondos de gobierno y cohecho, las
elecciones originales para gobernador celebradas en octubre del 2000 fueron
anuladas. Para reemplazar al gobernador saliente, el PRIsita Roberto Madrazo,
el congreso local nombró al diputado federal del PRI, Enrique Priego Oropeza.
El gobernador interino debió asegurarse que en las nuevas elecciones a gobernador
a celebrarse el domingo 5 de agosto del 2001 los resultados y el proceso fueran
legitimados por los principales actores políticos regionales y nacionales. La
tarea de Priego Oropeza fue particularmente compleja, porque los dos candidatos
que se enfrascaron en la disputa post-electoral del 2000 volvieron a verse las
caras en la nueva elección.
El
candidato ganador, el PRIísta Manuel Andrade, pertenece a una nueva generación
al interior de su partido. Alejado de los canales tradicionales para hacer carrera
política al interior del PRI que caracterizaron a los últimos tres gobiernos
del PRI, donde se privilegió la formación académica y técnica—de preferencia en
Estados Unidos—en vez de la cercanía a las bases sindicales y del aparato del
partido, Andrade ha sido un activista al interior del partido. En ese sentido,
Andrade recupera el estilo histórico del PRI, un partido que privilegia el
clientelismo y la organización de base. El triunfo de Andrade reivindica el
estilo tradicional de hacer política en México y al interior del PRI y
demuestra que la era de los tecnócratas que llegaron a controlar el partido ya
terminó.
El
candidato perdedor pertenece al izquierdista Partido Revolucionario
Democrático, Raúl Ojeda (49 años). Cercano al líder natural de recambio del
PRD—el Regente del Distito Federal Andrés Manuel López Obrador—Ojeda logró que
se anularan las elecciones anteriores, pero no logró forjar el consenso que
atrajera los votos anti-PRI de la izquierda y la derecha. Evidenciando un viejo
problema del PRD, Ojeda no logró pasar de un discurso de denuncia a uno de
propuestas que se abocara a potenciar su capacidad de dar gobernabilidad y
estabilidad. La derrota de Ojeda también representa un retroceso en las
aspiraciones políticas de López Obrador, originario de Tabasco. Aunque es muy posible que sea el candidato
presidencial del PRD en las elecciones del 2006, López Obrador tendrá que
hacerse cargo del desafío de atraer votos más allá de su nicho natural en la izquierda.
Pero el
gran ganador de esta elección es el ex gobernador de Tabasco, el PRI-ista
Roberto Madrazo Pintado. En una cuestionada victoria en 1994, repleta de
acusaciones de fraude y gastos de campaña excesivos, Madrazo (49 años) derrotó
al PRDista López Obrador. Como gobernador de Tabasco lideró una corriente al
interior del PRI que podríamos denominar como los neo-dinosaurios. Político
joven y con ciertas características de tecnócrata, Madrazo se opuso
sistemáticamente a muchas de las reformas emprendidas por el presidente
Zedillo. Cuando el PRI decidió que la elección del candidato presidencial
dejaría de ser un asunto del presidente saliente—el famoso ‘dedazo’—para dar
paso a una primaria abierta entre candidatos declarados, Madrazo se inscribió
como candidato en busca de la nominación del PRI.
El ex
secretario de gobernación, Francisco Labastida—candidato preferido del
presidente Ernesto Zedillo quien optó por no involucrarse en el proceso para
demostrar así que la práctica del dedazo presidencial se había acabado para
siempre—desde el gabinete ministerial logró amarrar el apoyo de los caciques
del partido y se hizo de la nominación presidencial en las primarias celebradas
en noviembre de 1999. Pese a denunciar fraude, Madrazo terminó aceptando su
derrota y apoyando la candidatura oficial de Labastida. La derrota de Labastida
frente a Fox en la elección presidencial, permitió a Madrazo recuperar terreno
al interior de su partido, pero no logró tomar el control del alicaído PRI.
El reciente
triunfo del candidato del PRI en Tabasco—la primera victoria regional del PRI
desde la derrota de julio del 2000—convierten a Madrazo en el líder natural de
ese partido. Pero esta victoria del PRI también representa una derrota para los
reformadores al interior del PRI. El retorno de Madrazo dificultará el esfuerzo
de los líderes actuales para cambiar la imagen de dinosaurios que la opinión
pública mexicana atribuye al PRI y poder reinventar el partido. Esta puede ser
entonces una victoria con sabor a derrota para los reformadores al interior del
viejo Partido Revolucionario Institucional mexicano.