Derecho a permanecer callado
Patricio Navia
Época 879, 21 de diciembre de 2001
Bajada
Después de la controversia inicial, la decisión
del presidente Bush de establecer tribunales militares para los acusados
de ser terroristas parece haber sido aceptada, ¿o es solo la calma antes de la
tormenta?
Nota
El testimonio ante el Senado del fiscal general
John Ascroft sobre cómo la decisión de establecer tribunales de guerra
para los acusados de pertenecer a Al Qaeda u otros grupos terroristas vendría a
cambiar las tradicionales y casi sacrosantas prácticas judiciales
estadounidenses no logró aclarar ninguna de las dudas. La comparecencia de Ashcroft
a comienzos de diciembre ni generó más detalles sobre la controversial
iniciativa republicana ni fue la ocasión en que los senadores demócratas
enarbolaran las banderas de los derechos civiles y defensa de la presunción de
inocencia de todo acusado. Ni el fiscal dio detalles, ni los senadores
demócratas los pidieron.
Nadie quiere aparecer como débil ante el
terrorismo y mucho menos ante Al Qaeda o Ben Laden. Los 10 senadores
demócratas y 9 republicanos del Comité Judicial donde compareció Ashcroft
fueron hasta condescendientes en sus preguntas. Esto porque la estrategia
demócrata ha sido apoyar al presidente Bush en todo lo relacionado con
la guerra y criticarlo en todos lo que se refiere a la economía y al aumento
del desempleo. No es que los demócratas hayan olvidado los derechos civiles. Lo
suyo es más una estrategia de combate bien diseñada. Ashcroft acusó a
los que cuestionan la decisión de establecer tribunales militares de darle
municiones al enemigo. Eso fue suficiente para que influyentes medios de prensa
salieran en defensa de la libertad de opinión y, fundamentalmente, de la
libertad de informar y tener acceso a las decisiones y acciones del
gobierno. Al coro de críticas se
unieron los defensores de derechos civiles, activistas, académicos y centros de
pensamiento. Desde el liberal y a veces izquierdista Human Rights Watch
hasta el libremercadista extremista Cato Institute, las voces de
respetables grupos denunciando el 'ataque contra la constitución y las
libertades' no ha amainado.
La opinión pública, por el momento, parece no
prestar mucha atención a la polémica. Todavía no se produce ningún juicio en
estos tribunales y es poco probable que se produzca alguno en territorio
estadounidense en el futuro cercano. Las muertes y violaciones de derechos
humanos cometidas en otros países contra ciudadanos no estadounidenses nunca
han preocupado en demasía al público americano. Por eso la decisión estratégica
de los demócratas de guardar silencio y no presionar a Ashcroft.
Convencidos de la posibilidad de capturar ambas cámaras en las elecciones de
noviembre del 2002, los demócratas quieren compartir el apoyo que le ha brindado
la opinión pública al presidente Bush y pasarle el costo de la crisis
económica a los republicanos.
Una defensa de los derechos civiles, por
principio más que ante situaciones concretas de abuso de la autoridad,
pareciera no ser el camino más adecuado hoy para el líder Tom Daschle y
sus colegas en el Senado. Si se llegan
a instaurar los tribunales en Estados Unidos y se comienza a juzgar personas
detenidas en territorio estadounidense, entonces los demócratas recién alzarán
la voz. Mientras tanto, seguirán con la estrategia de apoyar al presidente
republicano en la guerra y culparlo de los problemas causados por el
enfriamiento de la economía. Hace casi 10 años les permitió recuperar la Casa
Blanca. Para el 2004 esperan hacer lo mismo.
El primer acusado, en tribunal civil
Zacarias Moussaoui (1968), ciudadano
francés de origen marroquí, es el
primer acusado por el gobierno estadounidense de conspiración con Al Qaeda para
realizar atentados terroristas en el país. En años recientes, Moussaoui
estuvo en Afganistán y en Alemania junto a algunos de los secuestradores, pero
fue detenido semanas antes del fatídico 11 de septiembre en Minnesota. Los
cargos presentados por la fiscalía se basan en que Moussaoui venia
desarrollando las mismas acciones (entrenamiento para volar, compra de
cuchillos) que los 17 terroristas suicidas. Las autoridades prefirieron
utilizar los mecanismos regulares aunque, según la orden ejecutiva de Bush,
éste podría haber sido el primer caso de corte marcial en la guerra contra el
terrorismo. Según los expertos, la decisión de optar por cortes civiles se debe
a tres motivos. Primero, Moussaoui fue detenido antes de los hechos y
antes de que se diera la orden. Segundo, los detalles de cómo operarán las
cortes marciales no han sido decididos en su totalidad. Tercero, y más
importante, el gobierno de Bush quiere enviar la señal de que las cortes
militares serán usadas solo en caso de absoluta certeza de la culpabilidad de
los acusados por parte del gobierno. La búsqueda de justicia y las relaciones
públicas van mano a mano.
Los
diarios lo repiten rutinariamente, en un país donde los vicepresidentes siempre
han reclamado por ser invisibles, Dick Cheney de verdad lo ha sido desde
el 11 de septiembre. ¿Dónde está Dick Cheney? ¿Tuvo un nuevo ataque
cardiaco? ¿Tiene miedo? ¿No quiere aparecer para no opacar al presidente Bush?
¿Está dirigiendo la guerra desde algún escondite militar secreto? Las
especulaciones y las bromas en los programas de humor político se retro
alimentan.
No
es que el VP no aparezca. El domingo 2 de diciembre, acompañó al presidente Bus
a una gala en un centro cultural en Nueva York donde se homenajeó a Julie Andrews Jack Nicholson, al pianista Van
Cliburn, al tenor Luciano Pavarotti y al compositor y productor Quincy
Jones. Una semana después apareció en el programa Meet The Press de
la cadena de televisión NBC hablando sobre la guerra y sobre el vídeo recién
encontrado donde Ben Laden reconocía responsabilidad por los ataques.
Declinando comentar el por qué de su bajo perfil público, Cheney dio a
entender que su experiencia como ministro de defensa durante la administración
de George Bush padre (1989-1993) le ponían en posición especial para
apoyar la iniciativa estadounidense. Pero ¿no están para eso los secretarios de
Estado, Colin Powell, y Defensa, Ronald Rumsfeld? Las dos
apariciones públicas más recientes de Cheney han sido en domingo. Los
analistas y humoristas se preguntan ahora, ¿Qué hace el VP durante la semana?