Guantanamera
Patricio Navia
Época #885, Febrero 1, 2002
Desde la crisis de los misiles en octubre de 1962
hasta la migración masiva de haitianos en 1993, la legendaria base militar
estadounidense de Guantánamo en el sureste de Cuba ha sido protagonista de
numerosas tensiones internacionales. La más reciente se generó cuando el
gobierno de George W. Bush decidió utilizarla como centro de detención
de prisioneros talibanes. Desde que el 12 de enero comenzaron a llegar
combatientes capturados en Afganistán, la unidad y fortaleza que mostraba la
coalición internacional de esta guerra contra el terrorismo se resintió.
Líderes de naciones aliadas cuestionaron la decisión de llevar a los
prisioneros con grilletes a dicha base. Las fotos de detenidos vestidos con trajes
color naranjo, arrodillados frente a los soldados estadounidenses generó
reacciones negativas inmediatas. Mientras grupos de defensa de los derechos
humanos insistieron en la necesidad de lograr justicia más que venganza y
pidieron trato humanitario, estrategas políticos y analistas consideraron que
esta decisión generaría resquemor en el mundo musulmán y debilitaría el apoyo
irrestricto que ha recibido Estados Unidos de parte de líderes claves del mundo
islamista.
Después que una poco convincente defensa de la
decisión de la Casa Blanca realizada por autoridades británicas no tuviera
mayor efecto, Washington permitió el ingreso de la Cruz Roja al campo de
detenidos denominado Rayos X. Pero ya que el cuestionamiento de la prensa y de
los aliados siguió en aumento, el gobierno estadounidense decidió suspender
temporalmente el envío de prisioneros el 23 de enero argumentando que la
capacidad máxima del improvisado penal era de 160 reclusos. Aunque los nombres
de los 158 detenidos que están en la base no han sido divulgados, todos
aparentemente son miembros de la red Al Qaeda, pertenecían al ejército Talibán
y fueron apresados en Afganistán.
El secretario de defensa estadounidense Donald
Rumsfeld ha rechazado la clasificación de prisionero de guerra para los
detenidos y ha insistido en que son 'combatientes ilegales.' La distinción no
es trivial. Mientras que en el caso de los prisioneros de guerra el gobierno
estadounidense estaría obligado a ceñirse por lo que estipula la Convención de
Ginebra de 1949 sobre prisioneros políticos, los derechos de los 'combatientes
ilegales' son mucho menos claros. Según muchos expertos, haber sido enviados a
Guantánamo y no directamente a Estados Unidos deja a los detenidos en un limbo
legal. Sin ser reconocidos como prisioneros políticos y al no estar físicamente
en Estados Unidos, los derechos de los detenidos son un tema de un agudo
debate. Mientras el gobierno estadounidense se esfuerza en demostrar que les
está dando un trato equivalente al de los prisioneros políticos, influyentes
organizaciones argumentan que aunque los miembros de Al Qaeda puedan ser
definidos como 'combatientes ilegales', los miembros del ejército talibán son
claramente prisioneros de guerra ya que combatían bajo las órdenes del gobierno
afgano. Es más, dado que la red Al Qaeda no es oficial, la propia militancia de
los detenidos en dicho organismo internacional sería un tema a definir por un
tribunal competente.
Aunque los periodistas no han sido autorizados
para ingresar el lugar, la presión sobre el gobierno estadounidense ha sido tal
que el domingo 27 de enero Rumsfeld visitó Guantánamo junto a cuatro
senadores estadounidenses (2 demócratas y dos republicanos), días después que
una delegación de Representantes hiciera lo mismo. Aunque los senadores
verificaron que los prisioneros reciben un trato humanitario consistente con la
Convención de Ginebra, los legisladores no quisieron entrar en el debate sobre
la condición legal de los detenidos.
Un reportaje del New York Times el sábado 26 de
enero sugirió que el secretario de Estado Colin Powell defendió la tesis
de reconocer la condición de prisioneros de guerra a los detenidos, pero la
oposición de Rumsfeld y otros duros de la administración llevaron al
gobierno a esta difícil postura. En un contexto donde la crisis política
generada por la debacle de la empresa de energía Enron captura la atención
pública estadounidense, la situación de los detenidos en Guantánamo no preocupa
al estadounidense medio. Pero la presión de los aliados europeos y árabes de
Estados Unidos pesará mucho más en la decisión que pronto tendrá que tomar
Washington, si continuar enviando detenidos desde Afganistán a Guantánamo y si
definirlos como prisioneros políticos o
seguir argumentando que son combatientes ilegales. Aunque la discusión
rápidamente cae en consideraciones legales, lo cierto es que será un análisis
de costos y beneficios políticos lo que termine inclinando la balanza en la
Casa Blanca. Como los costos políticos domésticos son mínimos, será la
necesidad de fortalecer la alianza internacional contra el comunismo y el
esfuerzo por no alienar a las naciones islamistas lo que podrían hacer ceder al
gobierno de George W. Bush.
La prisión
Aunque la base no está habilitada como prisión,
hace casi una década sirvió como campo para refugiados haitianos. Los detenidos
están ubicados en un patio de piso de cemento alambrado y altamente custodiado.
Cada celda es un de 240 centímetros de ancho por una igual extensión de largo.
Aunque tienen rejas de alambre por paredes, todas las celdas tienen techo de
madera. Cuando llueve los prisioneros se mojan con el agua que entra por los
costados, pero dado que la temperatura ambiente nunca es inferior a los 18
centígrados, nadie pasa frió. Cada prisionero tiene una colchoneta delgada para
dormir y dos toallas, una para el aseo personal y la otra para ser utilizada en
los rezos regulares que pueden realizar libremente los detenidos. Aunque todos
fueron rasurados al llegar, ahora podrán dejar crecer sus barbas. En la base
existe un cartel en árabe que indica en dirección a La Meca, también han un
capellán musulmán del ejército estadounidense. Con la opción de tomar una ducha
por día y libertad para comunicarse con sus vecinos de celda, los prisioneros
reciben una dieta de 2500 calorías diarias y una ración de comida similar a la
que reciben los soldados estadounidenses en combate. Aunque han recibido la
visita de la cruz roja, no han podido hablar con abogados o representantes
diplomáticos de sus respectivos países. Hasta la fecha nadie ha sido
formalmente acusado de ningún crimen.
La convención de Ginebra de 1949
El acuerdo firmado el 12 de agosto de 1949 regula
el trato que deben recibir los combatientes de un ejército enemigo capturados
en una guerra. Ratificada por 188 países, la Convención de Ginebra estipula que
los combatientes apresados deben tener condiciones de vida similares a las que
gozan los soldados del ejército que los apresó. El derecho a un juicio justo y
la protección de ciertos derechos básicos de las personas también son mandatos
de la Convención. Pero por sobre todo, la Convención señala que si existe duda
sobre la verdadera afiliación de un combatiente, éste debe ser tratado como un
prisionero de guerra hasta que un tribunal competente pueda definir su estatus.
Bajo este criterio, aquellos sospechosos de pertener a Al Qaeda deberían
recibir trato de prisioneros de guerra hasta que un tribunal competente
establezca su afiliación con esa organización terrorista. Solo entonces podrían
ser definidos como 'combatientes ilegales.'