Patricio Navia
Época 898, mayo 3, 2002
Una serie de desencuentros entre Vicente Fox y
Fidel Castro ha debilitado la otrora cordial relación México-cubana, la presión
estadounidense a México tiene mucho que ver.
Los desencuentros entre el gobierno del mexicano Vicente
Fox y el de Fidel Castro terminaron por convertirse en una
preocupante crisis cuando Castro hizo pública la grabación de una
conversación sostenida entre él y el mandatario mexicano sobre una reciente
visita a la ciudad mexicana de Monterrey para asistir a una cumbre
internacional sobre el financiamiento para el desarrollo.
En la conversación, realizada dos días antes de la
cumbre, Fox le pide a Castro que intente evitar asistir a la
conferencia. Ante la negativa de Castro, Vicente Fox le solicita
que llegue el día miércoles por la noche y se retire antes del viernes, fecha
en que tenía prevista su visita a la cumbre el presidente estadounidense George
W. Bush. Castro acepta la proposición y promete 'ayudar' al presidente mexicano
en este trance. El presidente mexicano le solicita que esta conversación se
mantenga en secreto y ambos parecen quedar conformes con el arreglo alcanzado.
Pero ya en Monterrey, el presidente cubano
anuncia, al retirarse de la cumbre el día acordado, que fue presionado por el
gobierno mexicano para irse antes de la llegada del presidente estadounidense.
Aunque el gobierno mexicano rechazó vehementemente la existencia de cualquier
presión, la advertencia realizada por el mandatario estadounidense días después
de los atentados del 11 de septiembre sobre lo que ocurriría con los países que
apoyan y protegen a terroristas llevó a muchos a creer que el gobierno mexicano
intentó evitar que Castro y Bush estuvieran en Monterrey el mismo
día.
Las relaciones entre México y Cuba se habían
comenzado a enfriar desde hacía antes. Aunque México históricamente apoyó al
gobierno revolucionario cubano durante los gobiernos del PRI, la llegada de
Vicente Fox obligó a redefinir la relación bilateral. El conservador Fox
es el primer presidente mexicano marcadamente pro estadounidense. La decisión
de Fox de nombrar al intelectual izquierdista Jorge Castañeda
como secretario de relaciones exteriores alegró a muchos observadores y
analistas que temían que Fox se arrinconara en la minoritaria derecha
mexicana para gobernar. Pero Cuba vio con malos ojos el nombramiento de Castañeda,
que declaró que con la llegada de Fox se acaba la relación entre México
y la Revolución Cubana y comenzaba la relación entre México y la República de
Cuba.
Aunque México ha seguido comerciando con Cuba y el
presidente mexicano insiste en llamar amigo a Fidel Castro, las
relaciones entre los dos países se han enturbiado. El gobierno cubano ha pedido
públicamente el cambio del ministro de relaciones exteriores, y el ministro Castañeda
ha hecho esfuerzos por reunirse con la oposición cubana y por diseñar una nueva
política para promover el respeto a los derechos humanos en la isla. Rechazando
el embargo estadounidense y también la política de castigo diseñada por
Washington, Castañeda ha sugerido que los países que participan del
debate mundial sobre política y desarrollo deben también estar dispuestos a
aceptar que se evalúe y cuestione su propio récord de respeto a los derechos
humanos.
El voto a favor de México a una resolución de la
ONU que invitaba al gobierno de Castro a aceptar la visita de una
relatora de los derechos humanos a la isla fue vehemente rechazado por Cuba. La
Habana acusó al presidente uruguayo Jorge Batlle de ser un 'judas,' por
haber patrocinado esta moción que difiere sustancialmente de aquella
patrocinada por Estados Unidos aprobada en años anteriores. Pero fue México el
que sufrió el embate más fuerte y doloroso de Castro. Al hacer pública la
grabación de una conversación telefónica privada, Castro dejó en vergüenza al
presidente mexicano, que quedó como un mentiroso ante la opinión pública. El
nivel de aprobación de Fox cayó en más de 10 puntos porcentuales a un 53% y los
legisladores mexicanos de oposición anunciaron que iniciarían un juicio
político contra el secretario de relaciones exteriores.
Pero el más perjudicado con este desencuentro ha
sido el mandatario cubano. Si Fox quedó como un mentiroso, Castro
quedó como un desleal y como un hombre en quien no se pude confiar. Ningún
líder mundial se atreverá a sostener una conversación honesta y directa con Castro
en el futuro próximo por temor a que sus palabras sean difundidas
públicamente por la televisión estatal cubana. Lo que es peor, las relaciones
entre Cuba y México, el principal aliado histórico de la isla en el hemisferio,
están prácticamente congeladas. Aunque el gobierno de Fox anunció que no
retiraría su embajador de Cuba, es evidente que ahora uno de los vértices que
formaban el complicado triángulo México-Estados Unidos-Cuba se ha debilitado.
Ya no es sólo que Estados Unidos desea la inmediata salida de Castro
(cuestión que el gobierno de Washington ha buscado infructuosamente por cuatro
décadas) o que las relaciones mexicano-estadounidenses estén en su momento más
fuerte de los últimos 80 años. Ahora las relaciones mexicano-cubanas están en
su punto más débil desde que Castro llegó al poder en 1959. En estos
nuevos tiempos, por razones propias y ajenas, México ha terminado de modificar
su doctrina de integración latinoamericana. Entre seguir apoyando a una
revolución anti estadounidense o reforzar la amistad con Washington, el
gobierno de Fox ha preferido lo segundo.
Sólo se odia lo querido
Cuando el periódico cubano Gramma publicó unas
fotos de Jorge G. Castañeda con tenida militar verde olivo en un campo
de tiro en Nicaragua en 1980 pocos se sorprendieron. La ex militancia de Castañeda
en el partido comunista mexicano y su simpatía por las revoluciones cubana y
nicaragüense eran conocidas. La oposición de Castañeda al tratado de libre
comercio con Estados Unidos en 1993 lo hizo conocido en el país del norte. Pero
su libro La utopía desarmada (1993) donde anunciaba el fin de los
movimientos armados izquierdistas en la región generó un gran debate
intelectual en Latinoamérica. Su biografía de Che Guevara (1997) lo enemistó
con Cuba y su decisión de apoyar a Fox en las elecciones presidenciales
del 2000 confundió a sus amigos izquierdistas. "Lo importante es derrotar
al PRI", insistía Castañeda. Una vez nombrado, el ex crítico de
Estados Unidos ha llevado a su país a estrechar relaciones con Washington a un
punto nunca antes visto en la política de su país.