Patricio
Navia
Revista
Época, #916, septiembre 6, 2002
Un año después de los atentados, los americanos se aprestan a recordar las víctimas y a rememorar los días de inocencia pre-terrorista y de mejores expectativas económicas, el gobierno se esmera en justificar sus ansias de derrocar a Saddam Hussein y nadie sabe nada de la suerte de Osama bin Laden.
Las
escuelas en la mayor parte de Estados Unidos abrieron sus puertas el martes 3
de septiembre, un día después del feriado del día del trabajo en Estados
Unidos. Los legisladores volvieron de sus vacaciones a Washington el mismo día,
y la mayoría de los estadounidenses que pudieron aprovecharon el último fin de
semana largo del verano. Pero la mayoría de los estadounidenses entienden que
este nuevo año académico y fiscal comenzará sólo después del 11 de septiembre.
Aunque las
escuelas están haciendo esfuerzos para que los alumnos puedan recordar la
ocasión sin tener que vivir nuevamente el trauma del fatídico día, y muchos
empleadores han permitido a sus trabajadores tomarse ese día libre, muchas
personas aún no logran superar las secuelas de daño sicológico y emocional que
dejó el ataque en una población acostumbrada a que las guerras y el terrorismo
victimaran sólo a aquellos que vivían más allá de las fronteras. Por eso, la
mayoría de los eventos conmemoratorios que se realicen tendrán un componente
importante de optimismo, de reafirmación de identidad estadounidense y
compromiso con los valores de libertad, tolerancia y democracia.
Pero como
en todo recordatorio histórico, las preocupaciones coyunturales competirán por
la atención del público con los homenajes diseñados para recordar a las
víctimas. El gobierno del presidente Bush espera que el Congreso logre
aprobar la ley del Ministerio de Seguridad Doméstica antes de ese día. La
misión de ese ministerio, encargado de coordinar la acción de varias fuerzas de
seguridad ya existentes, será proteger a los habitantes de Estados Unidos de
ataques de sus enemigos externos e internos. Aunque ha sido criticado como un
elefante blanco de la burocracia, la necesidad de mejorar los mecanismos de
protección doméstica probablemente lo conviertan en realidad, aunque su
capacidad para evitar nuevos ataques se mantenga en entredicho.
Pero el
Congreso parece estar más preocupado de las elecciones parlamentarias de
noviembre que de las prioridades del presidente Bush. Los demócratas han
tomado con energía las banderas de la crisis económica, el estancamiento de la
demanda, el aumento del déficit fiscal y del desempleo para intentar recuperar
el control de la Cámara de Representantes y aumentar su ventaja en el Senado.
Los republicanos se han distanciado de las intenciones bélicas de su presidente
y buscan facilitarle la vida a los pequeños y medianos negocios para que puedan
generar más y mejores empleos. La seguridad doméstica es una prioridad de
todos, pero cuando se mide contra la preocupación de los estadounidenses por la
economía, sus trabajos, el déficit y los escándalos financieros, la idea de
crear una nueva burocracia estatal para evitar nuevos ataques pierde
popularidad. Además, ya que el gobierno de Bush insistió en la necesidad
de derrocar al gobierno talibán primero, la red internacional de Al Qaeda
después y ahora se esmera en conseguir apoyo para invadir Irak, los
estadounidenses siguen asociando la amenaza del terrorismo a ataques planeados
desde afuera y realizados por fundamentalistas musulmanes infiltrados en el
país. La incapacidad de las fuerzas armadas estadounidenses de atrapar a bin
Laden también han ayudado a que la gente pierda interés en lo que ocurre
cotidianamente en esta guerra contra el terrorismo.
Aunque el
11 todos se detengan para dar sus respetos y recordar a aquellos que murieron
en las Torres Gemelas, el Pentágono y el avión que cayó en Pennsylvania antes
de que pudiera convertirse en un misil destructivo, los políticos de este país
estarán más preocupados de las elecciones de noviembre, los estadounidenses
estarán más preocupados de la complicada situación económica, la lenta
recuperación y los escándalos financieros y los sicólogos estarán más
preocupados que los homenajes no reabran las heridas ni revivan los traumas que
millones de estadounidenses experimentaron los días posteriores a los ataques.
El 11 de
septiembre, el gobernador del estado de Nueva York George Pataki, el
alcalde de la ciudad Michael R. Bloomberg y ex alcalde Rudolph
Giuliani liderarán un homenaje a los que murieron en los ataques a las
Torres Gemelas. Después de guardar un minuto de silencio a la hora en que
ocurrió el primer ataque, se leerán los nombres de cada una de las víctimas.
Por la tarde se espera la visita del presidente Bush. Se ha pedido a las
iglesias que abran sus puertas todo el día y aunque se han hecho llamados para
que la gente trabaje como cualquier día normal, se esperan altos niveles de
ausentismo laboral y muchos negocios han anunciado que cerrarán sus puertas en
señal de duelo por las casi 3 víctimas de los devastadores ataques.