Los Motivos de Bush para acabar con Sadam
Patricio Navia
Época, octubre 18, 2002
"Este es el tipo que una vez intentó matar a
mi padre,"dijo el presidente estadounidense, ganándose el respeto y el
apoyo de la opinión pública estadounidense que ahora espera una guerra rápida y
sin complicaciones para deshacerse de Hussein.
George Bush tiene
la vía legal despejada en Estados Unidos para iniciar un ataque militar contra
la dictadura de Sadam Hussein in Irak. El congreso estadounidense pasó
una generosa resolución de 1.850 palabras que otorga al presidente un amplio
poder para usar la fuerza contra Hussein. Para atacar, el presidente no
tiene que esperar ni una provocación de Hussein ni una autorización
adicional de la ONU. La victoria de Bush en la Cámara fue de 296 a 133.
En el Senado el margen de victoria fue aún mayor, 77 a 23. Tom Daschle,
el líder de la mayoría demócrata explicó su apoyo a la moción indicando que
"un congreso unido le ayudará al presidente a poder unir al mundo" en
la tarea de eliminar la amenaza de Irak. Pero Bush debe superar otras
barreras antes de ordenar el ataque. El presidente debe decidirse por un plan
de batalla para derrocar a Hussein y por una estrategia para pacificar y
darle gobernabilidad a Irak después de la guerra.
George W. Bush busca
alcanzar dos objetivos con el derrocamiento de Hussein, pero a la vez
debe evitar dos posibles problemas. A Bush lo motiva una cuestión
claramente personal. Hace unos días, en una declaración improvisada, el
presidente argumentó que Hussein, después de todo, era un tipo que
"una vez intento matar a mi papá."
Aunque algunos estrategas consideraron esa declaración como un error, la
opinión pública pareció aceptar el argumento como legítimo y válido. En vez de
críticas, Bush recibió señales de comprensión. Como el público
estadounidense está convencido que Hussein representa una amenaza para
la paz mundial y la seguridad de Estados Unidos, lograr el apoyo a la
iniciativa para derrocarlo ha sido una tarea relativamente fácil para el
presidente.
Pero los estrategas de la administración Bush
también ven una oportunidad para enviar señal potente de lo que significa la
hegemonía militar estadounidense. Si Estados Unidos resulta exitoso en esta
aventura, los términos en que se resuelvan las futuras crisis políticas serán
radicalmente diferentes a los que observamos en la última década. Aunque
Estados Unidos logre una influencia sin precedentes en el Golfo Pérsico si
logra una victoria sin desestabilizar la región, los beneficios para Washington
se extenderán mucho más allá del mero control de la producción petrolera
mundial. Si logra una victoria avasalladora, nada detendrá a Washington para
borrar de la faz de la tierra a otros gobiernos que considere como amenazas a
la seguridad americana.
Pero al emprender su campaña contra Hussein,
el presidente Bush debe asegurarse que ninguno de los efectos negativos
que muchos asocian con una nueva guerra en el golfo lleguen a convertirse en
realidad. Washington debe garantizar la seguridad de Israel y de los gobiernos
autoritarios de los países amigos en el Golfo Pérsico, y debe también evitar
que la guerra tenga efectos nocivos para la recuperación económica de su país y
el mundo. Ahí es donde están los dos desafíos del primer mandatario
estadounidense. Si el conflicto armado se extiende más allá de Irak, la
estabilidad regional estará en juego y lo que pretendía ser una operación
rápida y puntual podría convertirse en una guerra de proporciones
insospechadas. Por otro lado, si el conflicto se extiende por demasiado tiempo,
el efecto negativo en la economía estadounidense atrasará aún más la
recuperación económica y dañarán significativamente la popularidad del
presidente, tanto por el costo económico de la guerra como por la pérdida de
vidas humanas. Así como una mayoría de los estadounidenses apoya la acción
militar contra Irak, una mayoría también piensa que la prioridad más importante
es la recuperación económica.
En las próximas semanas, Bush debe sortear
los últimos obstáculos que existen en la ONU antes de utilizar la fuerza.
Aunque algunos miembros del Consejo de Seguridad temen por la estabilidad de la
región, es poco probable que la ONU salga en defensa de Hussein. El
predicamento de la ONU fue magistralmente enunciando por un funcionario de la
Casa Blanca citado por el New York Times: "si el Consejo de Seguridad de
la ONU pretende seguir siendo relevante, debe darnos una autorización similar a
la que nos dio el Congreso."
Estados Unidos habla con una sola voz, dijo el
presidente Bush al agradecer la autorización del Congreso y presionar a
la ONU para que endurezca su postura frente a Irak. Pero aún si el presidente
logra sobreponerse a las reticencias de la ONU, el desafío del mandatario será
convencer al electorado que además de tener un buen plan para derrocar a Hussein,
la Casa Blanca tiene también un buen plan para establecer un gobierno legítimo
y aliado después de Hussein. Las razones familiares hacen comprensible
el interés del presidente por atacar, las razones de estado exigen que Bush
maneje un buen plan para garantizar la paz en la región después del ataque.
Precisamente a convencer a la opinión pública de que hay un plan para el día
después, se ha dedicado ahora la Casa Blanca que se sabe cada día más cerca de
una guerra.
¿Gobierno de ocupación después de Hussein?
El Washington Post informó que la Casa Blanca
planea establecer un gobierno de ocupación en Irak después de la remoción de Hussein.
Las fuerzas militares estadounidenses ocuparían el país de 24 millones de
habitantes mientras se terminan de destruir los armamentos y se pacifica el
país. Las fuerzas de ocupación sólo abandonarían Irak después de que se
establezca un gobierno democráticamente electo y que se minimice la posibilidad
de que emerja un nuevo gobierno leal al legado de Hussein. Aunque la casa
Blanca desmintió esos planes, la falta de claridad sobre el qué ocurrirá
después de la caída de Hussein probablemente atrase en unas semanas la
invasión, hasta que exista un plan detallado de qué hacer una vez que Hussein
ya no sea parte de Irak.