Las urnas juzgan a Bush

Patricio Navia

Revista Época #924, noviembre de 2002

 

Las elecciones de mitad de periodo del 5 de noviembre aparentemente darán una victoria parcial a los demócratas, pero el presidente Bush podrá seguir contando con el control de al menos una de las cámaras del Congreso.

 

Históricamente, las elecciones de mitad de periodo han sido complicadas para la Casa Blanca. En 1986, los demócratas arrebataron el control del Senado a los republicanos en el segundo periodo de Reagan. En 1994, los republicanos tomaron, por primera vez en cuatro décadas, el control de la Cámara de Representantes, avergonzando al presidente Clinton y derrotando a importantes líderes del partido demócrata. Pero a partir de 1998, la tendencia parece haber cambiado. Ese año, el partido del presidente Clinton logró mejorar posiciones tanto en la Cámara como en el Senado, contraviniendo una tradición de malos resultados para el partido en control de la Casa Blanca.

 

Este noviembre, el presidente Bush espera que la tradición inaugurada en 1998 se mantenga. Los republicanos esperan mantener el control de la Cámara y, los más entusiastas aún sueñan con volver a recuperar el control del Senado, perdido a mediados del 2001, cuando Jim Jeffords renunció al partido y permitió a los demócratas apoderarse de las presidencias de los comités y del control de la agenda legislativa.  Pero los demócratas también esperan que los efectos de la recesión económica se vean reflejados en un voto de protesta contra los republicanos, que permita al partido más tradicionalmente asociado con los trabajadores y los sindicatos, recuperar terreno en Washington y en los gobiernos estaduales.

 

La mayoría de los analistas tendrá sus ojos puestos en lo que ocurra en las elecciones federales. Aunque técnicamente los 435 escaños de la Cámara están en disputa y se renuevan 34 de los 100 escaños del Senado, la realidad es que sólo unas cincuenta contiendas son realmente competitivas. En el Senado, los demócratas mantienen una leve ventaja de 50-49, más un independiente. De los 34 escaños en disputa, 20 son ocupados actualmente por republicanos y 14 por demócratas. Los republicanos tienen 16 escaños casi seguros. Los demócratas pueden contar con 10 escaños seguros. Los restantes 8 determinarán quién poseerá el control de esa Cámara.  Si los demócratas logran ganar en al menos 4, retendrán el control del Senado. Esos 8 estados son Minnesota, Missouri, New Jersey, South Dakota, Arkansas, Colorado, New Hampshire y Texas. Los demócratas esperan mantener los cuatro primeros y quitarle al menos uno de los cuatro últimos a los republicanos, para así aumentar su ventaja de un escaño en el Senado.

 

En la Cámara de Representantes, los republicanos tienen 222 escaños, los demócratas controlan 209, hay dos independientes y dos vacantes. En la próxima elección sólo unos 45 escaños están realmente en disputa.  De esos, 10 están ahora en manos demócratas, 21 son republicanos y otros 14 son distritos nuevos, creados en estados que ganaron escaños al aumentar su población después del último censo. Si los demócratas logran 30 de esos 45 escaños, recuperarán el control de la Cámara. Según el último cálculo del Washington Post, los demócratas tenían buenas posibilidades de obtener 27 de esos escaños.  A menos que ocurra algún imprevisto en los últimos días de la campaña, lo más probable es que el Partido que controle la Cámara sólo logre 220 de los 435 escaños, apenas dos escaños más que lo que necesitan para obtener mayoría. Este sería la Cámara de Representantes más dividida en casi 5 décadas. Cualquier renuncia de dos representantes a sus partidos podría cambiar el balance de poder al interior de la Cámara.

 

Dado que todas las elecciones federales utilizan el sistema uninominal—un escaño por distrito—sin segunda vuelta, la presencia de candidatos alternativos a menudo puede alterar el balance de poder en el Congreso. En las presidenciales del 2000, por ejemplo, la candidatura del ecologista Ralph Nader le quitó suficientes votos a Al Gore para que éste perdiera ante Bush en los estados de Florida y New Hampshire. Al ceder esos dos estados, Gore perdió la elección presidencial en el colegio electoral pese a haber obtenido más votos que Bush en el conteo final. La presencia de candidatos alternativos en esta elección pudiera también dañar a demócratas en algunos estados y a republicanos en estados con candidatos independientes conservadores.  

 

De cualquier forma, el ambiente en Washington no variará sustancialmente de mantenerse el balance de poder actual. Los republicanos se apurarán en declarar victoria si logran mantener el control de la Cámara y profundizarán sus iniciativas legislativas destinadas a una mayor reducción de impuestos que pueda generar más demanda interna, variable clave para apurar la recuperación económica. Los demócratas insistirán que cualquier avance logrado en el control de las legislaturas y gobernaciones estaduales representa un mensaje claro a la administración Bush para ocuparse de los problemas económicos que apremian a la clase media estadounidense y para abocarse a controlar el creciente déficit fiscal de la administración federal.

 

Lo que ya juega a favor de los demócratas es la ventaja que obtendrán en el control de las gobernaciones estaduales. Sumado a la reciente aprobación de una legislación federal destinada a modernizar los sistemas de votación y conteo de votos en las elecciones federales y estaduales, los demócratas esperan que la mayoría electoral obtenida por su candidato presidencial el año 2000 se mantenga en las parlamentarias del 2002 y sirva de base para una exitosa campaña presidencial el 2004 que permita volver al poder al partido que controló por 8 años la Casa Blanca de la mano de Bill Clinton. 

 

 

36 estados escogen gobernadores

Aunque son 36 los estados que escogen gobernadores, la atención está centrada en California, Texas, New York, Florida, Illinois, Pennsylvania y Ohio, los siete estados más poblados del país. Juntos, los siete estados congregan a 126 millones de estadounidenses (44,7% de la población nacional.) Los demócratas tienen mucho que ganar. Actualmente solo controlan la gobernación de California, pero son favoritos en Illinois y están en contiendas muy competidas en Florida y Pennsylvania. En total, los demócratas esperan controlar entre 16 y 18 de los 36 gobiernos estaduales en disputa.

 

Los 36 estados que escogen gobernadores son:

Con gobernadores demócratas (11): California, Oregon, Iowa, Alabama, Georgia, South Carolina, Vermont, New Hampshire, Maryland, Hawaii, Alaska.

Con gobernadores republicanos: (23): Nevada, Idaho, Arizona, New Mexico, Colorado, Wyoming, South Dakota, Nebraska, Kansas, Oklahoma, Texas, Arkansas, Tennessee, Illinois, Wisconsin, Michigan, Ohio, Pennsylvania, New York, Massachusetts, Connecticut, Rhode Island y Florida.

Con gobernadores independientes: Minnesota, Maine.

 

 

La pobreza en aumento en Estados Unidos

La oficina del censo informó que la pobreza en Estados Unidos aumentó el 2001 respecto al año anterior, el primer aumento después de una racha de cuatro años de caída sostenida. La tasa de pobres en ese país aumentó de 11,3% el 2000 a 11,7% el 2001. Un total de 32,9 millones de estadounidenses viven bajo el nivel de pobreza. La tendencia al alza echó por tierras las esperanzas de algunos expertos de que el nivel de pobreza pudiera haber continuado la tendencia a la baja pese a la recesión económica. La tasa observada el 2000 es la segunda más baja de la historia, después del récord de 11,1% registrado en 1973. Irónicamente, la tasa de pobreza de negros e hispanos no aumentó, siendo los blancos el grupo más duramente golpeado por la recesión. Así y todo, los blancos siguen teniendo una tasa de pobreza inferior al 8%, mientras que los negros experimentan una tasa de 22,7% y los hispanos una levemente inferior de 21,4%.