Patricio
Navia
Época,
noviembre 15, 2002
Después
de que los republicanos lograran una importante victoria en las elecciones de
mitad de periodo, el presidente estadounidense podrá gobernar con mayoría en
ambas cámaras, con el apoyo ciudadano pese a la crisis económica y con la
legitimidad que no gozó después de su elección el 2000.
La
popularidad del presidente George W, Bush, que se ha mantenido en nivel récord desde
septiembre del 2001 fue el factor fundamental detrás del triunfo republicano en
las últimas elecciones. En la mayoría de los estados donde las campañas al
Senado fueron particularmente reñidas, el apoyo publicitario y económico del
aparato partidista y del entorno del propio presidente fue decisivo para el
triunfo republicano. El asesor político de la Casa Blanca, Karl
Rove dedicó meses de trabajo a reclutar
candidatos, buscar apoyo económico y armar equipos de campaña. Tal fue el
compromiso de la Casa Blanca con su partido en esta elección que los analistas
más avezados temían que un triunfo demócrata representara el beso de la muerte
para la administración Bush.
Pero la
apuesta del presidente fue exitosa. Los republicanos ganaron exclusivamente
gracias a Bush. Por eso, en realidad, aunque
su puesto no estaba en juego, el gran ganador de los comicios fue el presidente
estadounidense. Las dudas y acusaciones de ser un presidente minoritario
quedaron disipadas después de que los republicanos retomaran control del Senado
y ampliaran su reducida mayoría en la Cámara de Representantes. Incluso en las
elecciones a gobernadores estaduales, donde se esperaba que los demócratas
recuperaran terreno, las pérdidas republicanas fueron menores a las esperadas.
Cuando aún
no terminaban de certificarse todos los ganadores, el exitoso presidente Bush comenzó a asegurarse que el triunfo
electoral se traduzca en un empujón poderoso a sus iniciativas legislativas.
Las cosas le resultarán más fáciles porque no habrá que esperar a que se inicie
el nuevo periodo legislativo en enero del 2003. Los republicanos tomarán
control del senado el mes de noviembre. Ya sea porque a partir de esta semana
el independiente Dean Barkley,
nombrado por el gobernador de Minessota para
reemplazar al fallecido senador demócrata Paul
Wellstone, decida votar junto a los republicanos
durante las 8 semanas que ocupará el puesto, o porque a fines de noviembre
llegue al Senado el republicano electo por Missouri Jim
Talent, que derrotó a Jean Carnahan,
nombrada temporalmente al puesto que su marido, el fallecido Mel Carnahan, ganó
póstumamente el 2000.
Eso le
permitirá al presidente avanzar con el primero de cuatro asuntos centrales de
su agenda, la ratificación de sus nombramientos al poder judicial y a puestos
de confianza en la administración pública.
Al controlar el Senado, los republicanos apurarán la confirmación de
decenas de jueces federales conservadores que habían sido bloqueadas por el
liderazgo demócrata. El Senado también confirmará a muchos nominados
controvertidos nominados a puestos de confianza, como el cubano-americano Otto
Reich, nombrado temporalmente como Secretario
Asistente para Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado.
En segundo
lugar, el Senado pasará, antes de que termine el año, una versión más cercana a
la deseada por el presidente, del nuevo Ministerio de Seguridad Doméstica. Los
esfuerzos demócratas para otorgar mayores atribuciones a los sindicatos serán
derrotados y el presidente Bush hará
prevalecer su voluntad incluso frente a los senadores disidentes de su propio
partido, gracias a su legitimidad electoral y su influencia sobre muchos
legisladores que lograron la victoria por los esfuerzos de la Casa Blanca.
El tercer
tema prioritario del presidente Bush, que el
congreso abordará recién el próximo año, será lograr que su reducción de
impuestos aprobada el verano del 2001 sea hecha permanente más allá de su fecha
inicial de expiración del 2010. Aunque se espera una ardua batalla contra esa
iniciativa, y aunque el déficit presupuestario del gobierno haga que muchos
duden sobre la conveniencia de la medida, lo más probable es que la voluntad
presidencial se imponga sobre los demócratas y los republicanos moderados.
El cuarto
tema prioritario inmediato será Irak. Si algo, la elección de mitad de periodo
selló la suerte de Sadam Hussein. Ahora el presidente Bush
no se detendrá hasta lograr la caída de Sadam.
La administración Bush ya ha señalado que,
independientemente del voto del Consejo de Seguridad de la ONU, Estados Unidos
no necesita una autorización formal de ese organismo para atacar. El Pentágono
y la Casa Blanca ya han comenzado a diseñar la estrategia de ataque y, pase lo
que pase, se anticipan vientos de guerra para este invierno.
Una vez que
se logren esos cuatro objetivos, y dependiendo del éxito de los mismos, el
presidente procederá al siguiente grupo de prioridades de su agenda legislativa
que incluyen una disminución de las regulaciones medioambientales, la
posibilidad de exploraciones petroleras en Alaska, la reforma al sistema de
seguridad social que permita a las personas ahorrar parte de sus jubilaciones
en cuentas individuales en organizaciones financieras privadas y una reforma
simplificadora del sistema tributario.
El año 2003
será clave para esta administración. En la medida que avance rápida y organizadamente
con su agenda legislativa, y en tanto no se complique ni la situación económica
ni la guerra contra Irak tome rumbos sorpresivos, el presidente estadounidense
podrá aprovechar tanto su nueva luna de miel con el electorado estadounidense
como la confusión producida por la derrota entre los demócratas. Lo que el
presidente no logre realizar el 2003 se convertirá en un desafío mucho más
difícil de lograr el 2004, cuando los estadounidenses vuelvan a las urnas. Pero
considerando el entusiasmo de la Casa Blanca, su influencia en el Congreso y su
legitimidad ante el electorado, lo único que puede detener la agenda de Bush en los próximos meses es un empeoramiento de la
situación económica o una sorpresiva complicación en la guerra contra Irak.
Los resultados
Los
republicanos lograron una mayoría absoluta en el Senado al pasar de 49 escaños
a 51, aunque todavía quedan dos por definirse, uno en segunda vuelta y otro en
una corte estadual. En la Cámara, de los 438 escaños, los republicanos lograron
228, mejorando en 5 respecto al año 2000. Los demócratas sólo lograron avanzar
en los gobiernos estaduales, donde pasaron de controlar 21 a 24 estados. Aunque
queda una elección por certificar, los republicanos igual lograron mantener al
menos la mitad (25) de todas los gobiernos estaduales, incluidos Texas y
Florida, estados claves que los demócratas aseguraban poder ganar.