Patricio Navia
Época #927,
Noviembre 18, 2002
Mientras los inspectores de la ONU se preparan en Irak para comenzar su misión el 27 de noviembre, las fuerzas armadas estadounidenses se preparan para invadir Irak en unos meses más. Sólo la cooperación de Irak con los inspectores puede ahora evitar la guerra.
Si alguna
vez la ONU buscó simbolizar la paz en el mundo, la resolución 1441 del Consejo
de Seguridad, que inicialmente se entendió como un triunfo de Estados Unidos en
su objetivo de lograr un cambio de régimen en Irak, ahora parece ser la única
esperanza para evitar la guerra en ese país. Al establecer una lista de
condiciones que Irak debe satisfacer para cumplir con la exigencia de desarme,
el Consejo de Seguridad le otorgó a Sadam Hussein una valiosa oportunidad para evitar una
invasión estadounidense. Pero Hussein sabe
que, pese a todo, está entre la espada y la pared. Si se niega a colaborar y
los inspectores finalmente señalan que no han podido lograr hacer su trabajo,
Estados Unidos se apresurará en iniciar la guerra. Si en cambio colabora, su
poder al interior de Irak se debilitará, sus programas de fabricación de
armamentos tendrán que terminar y su capacidad para seguir al mando será
seriamente cuestionada. Así y todo, colaborar con los inspectores parece ser su
mejor alternativa. Aunque corre el riesgo de debilitarse en el poder, una
invasión estadounidense le depondrá definitivamente. La apuesta de Hussein es ganar tiempo y colaborar en forma
limitada para así deslegitimar la estrategia de guerra estadounidense.
A su vez,
la ONU entiende que en esta coyuntura se juega una buena parte de la
legitimidad de ese organismo. Al lograr que el gobierno estadounidense aceptara
tener que ir a la ONU a pedir una nueva resolución, el secretario general Kofi Annan se ha
anotado una victoria. Pese a su urgencia para lograr el cambio de régimen,
Estados Unidos parece haber aceptado el calendario impuesto por la ONU. Las
inspecciones de armas comienzan oficialmente el 27 de noviembre, 9 días después
de que el primer equipo de inspectores haya llegado a Bagdad. Pero éstas
terminan oficialmente el 23 de febrero, cuando el equipo a cargo de los
inspectores Hans Blix
y Mohamed el-Baredi
entreguen su informe definitivo a la ONU. Annan
sabe que la suerte del régimen de Hussein se
decidirá antes de fines de febrero. El gobierno estadounidense estará
celosamente atento a cualquier obstrucción iraquí a los inspectores e intentará
convertir cualquier incidente en evidencia concluyente de que Hussein no está dispuesto a colaborar. Mientras por
un lado debe evitar que la ONU pierda legitimidad como organismo capaz de
llevar adelante un programa de inspección de armas, Annan
debe también lograr evitar que la misión de inspección sirva solo como excusa
para que Estados Unidos justifique su decisión aparentemente inevitable de
hacer la guerra.
En Estados
Unidos, el presidente Bush debe ahora solo
tener paciencia. Los conflictos con los demócratas han quedado atrás después de
las elecciones de noviembre. Ahora Bush controla
la agenda política nacional y en el legislativo. Sus iniciativas de ley podrán
avanzar más rápidamente en el Capitolio. El presidente estadounidense pasa por
un buen momento político y sus niveles de aprobación se mantienen altos. Sólo
la lenta recuperación económica preocupa al presidente y las advertencias sobre
el creciente déficit fiscal se anticipan como su único gran problema electoral
y político. Pero Bush sabe que en las
próximas semanas se juega también la credibilidad su liderazgo a nivel mundial.
Si el presidente se ve demasiado ansioso de atacar y no espera a que avance el
proceso de inspección, los líderes mundiales pensarán que Estados Unidos sólo
utilizó a la ONU como excusa para llevar a cabo un ataque que iba a ocurrir de
todas maneras. Si en cambio el presidente, siguiendo los consejos de su
Secretario de Estado Colin Powell, busca involucrar activamente a la ONU y espera
a que Hussein vuelva a tratar de
obstruir el trabajo de los inspectores, como ya lo ha hecho antes, su aventura
militar gozará de mucha más legitimidad en el mundo y el presidente Bush podrá consolidar su posición de líder mundial y
validar su cuestionada legitimidad como estadista que busca tanto el bien de su
país como la paz en el mundo.
Los ojos
del muchos observadores estaban atentos a las palabras de Hans
Blix y Mohamed
el-Baredi a su llegada a Bagdad el 18 de
noviembre. El grupo de 25 inspectores arribó a esa ciudad en medio de
especulaciones sobre la viabilidad de su misión. Aunque esta comienza
oficialmente el 27 de noviembre, recién el 8 de diciembre Irak debe informar al
consejo de seguridad sobre todos sus programas de armamentos de destrucción
masiva y todo el arsenal que ya posee. La misión de los inspectores incluirá
entonces la verificación de la información. Esa parte del proceso debe comenzar
el 23 de diciembre. Es ahí cuando se anticipa se producirán las primeras
importantes desavenencias entre el gobierno de Hussein
y los inspectores. Para entonces, el equipo de inspectores deberá estar
compuesto de más de 100 personas que estarán revisando una lista, ya preparada,
de al menos 700 sitios diferentes. En la medida que el informe de Hussein incluya información sobre las labores que se
realizan en todos esos sitios sospechosos, el trabajo de los inspectores será
más fácil. Si no es así, Estados Unidos se apresurará en denunciar la falta de
voluntad de cooperación del régimen iraquí. Si los inspectores insisten en
visitar sitios no incluidos en la lista
entregada por Bagdad, la decisión sobre la guerra estará en manos de Hussein. Si el dictador iraquí no colabora con los
inspectores y no permite acceso irrestricto a todos los sitios, su suerte ya
estará echada y la guerra comenzará incluso antes del 23 de febrero, fecha
límite para que los inspectores entreguen su informe final.