Desordenado eje del mal
Patricio Navia
Época, #936, enero 24, 2002
Probablemente George Bush
nunca imaginó que la inclusión de Korea del Norte en
el eje del mal hace exactamente un año complicaría tanto sus planes para
derrocar a Husein.
Hace exactamente un año, el 28 de enero del 2002, en su informe anual del
estado de la Unión ante el congreso estadounidense, George
W. Bush denunció la existencia de un eje del mal
compuesto por Irak, Irán y Corea del Norte. Aunque fue inicialmente criticada
fundamentalmente por debilitar al gobierno reformista de Irán, un año después
la controvertida frase se ha vuelto contra la propia administración Bush.
Al igualar a Corea del Norte e Irak como amenazas latentes a la paz
mundial, el presidente estadounidense buscaba demostrar que no tenía una
obsesión personal para derrocar a Sadam Husein. Pero los eventos de los últimos meses en Corea
del Norte, cuyos programas para construir armas de destrucción masiva han sido
reconocidos por el propio gobierno del dictador Kim
Jong Il, parecen
demostrar más allá de toda prueba que Bush
efectivamente tiene una obsesión con Husein.
Desde mediados del 2001, la dictadura de Kim
ha dado pasos desafiantes aprovechando que Estados Unidos ha estado concentrada en lograr la caída del régimen iraquí. Ante el
estupor mundial por la determinación norcoreana de avanzar en su programa de
producción de armas nucleares, la administración Bush
ha insistido en la necesidad de presionar diplomáticamente al régimen de
Pyongyang. Argumentando que la misma vía no es posible con Husein,
quien se ha negado a colaborar en el pasado con inspectores de la ONU, la Casa
Blanca ha enviado señales a Japón, Rusia y China para que ayuden a buscar una
salida negociada al impasse actual. Pero hasta ahora, la dictadura de Kim Jong Il no ha dado señales de querer negociar. Al contrario,
ha endurecido su postura y ha hecho más difícil el flujo de información sobre
el estado actual de sus programas de producción de armas de destrucción masiva
y, en especial, de su programa de producción de armas nucleares.
A todas luces, las armas que posee el régimen de Pyongyang representan una
amenaza más seria que las de Irak, aunque la ubicación geográfica de Irak en el
medio oriente, convierte a ese país en amenaza a la paz regional. Pero tanto la
dictadura norcoreana como la iraquí han buscado en la última década una
relación de no intromisión con sus vecinos. La diferencia fundamental radica en
la historia de las relaciones de ambos países con Estados Unidos. Mientras
Corea del Norte ha sido siempre considerada hostil a Washington, Irak pasó de
ser un aliado en los 80 a enemigo después de su invasión a Kuwait en 1990.
Desde entonces, y particularmente después de la toma de poder de Gorge W. Bush en
enero del 2001, la caída del régimen de Husein
ha estado en la lista de prioridades estadounidenses.
Consciente de la necesidad de elaborar una política agresiva hacia Corea
del Norte que no pueda ser usada para debilitar la ofensiva anti
iraquí de su administración, el presidente Bush definirá
su estrategia para lidiar con el régimen de Kim
en su próximo discurso del estado de la nación a fines de enero. Se espera un
endurecimiento de la retórica, pero también se anticipa que el presidente
estadounidense buscará justificar por qué estima que Husein
representa una amenaza más grave que Kim.
Así y todo, sus asesores y estrategas ahora estiman que fue un error poner
a Irak y Corea del Norte en el eje del mal hace un año, presentándolos como
amenazas equivalentes a la paz mundial y a la seguridad estadounidense. Aunque
para muchos Corea del Norte represente una amenaza más seria, para la Casa
Blanca Husein es una prioridad más
importante. Más allá de si sus razones son buenas o malas, haber puesto a Irak
y Corea del Norte a una misma altura hace un año ha devenido en un problema
real para los halcones del gobierno de Washington que ven ahora complicarse aún
más su plan para ir a una guerra que permita el derrocamiento de Sadam Husein.
A un año del Eje del Mal
Los discursos presidenciales anuales del Estado de la Unión que el
presidente presenta ante el congreso estadounidense son a menudo tan vagos en
contenido como efímeros en la memoria. Preparados como espectáculos
televisivos, estos eventos están diseñados para concitar apoyo a las iniciativas
legislativas de la Casa Blanca y no buscan sentar las bases de una nueva visión
estratégica de política internacional. Pero el discurso del estado de la Unión
de enero del 2001 fue una excepción. El menos internacionalista de los
presidentes estadounidenses del último tiempo, George
W. Bush, identificó a Irak, Irán y Corea del
Norte como miembros del "eje del mal," amenazas inminentes a la paz
mundial y seguridad estadounidense. Un año después, después de haber escogido a
Irak como la amenaza más seria del eje del mal, Corea del Norte parece haber
querido entrar a competir por el primer lugar.