Un informe, dos lecturas
Patricio Navia
Revista
Época, #940, febrero 21, 2003
El informe de los inspectores de armas al Consejo de Seguridad de la
ONU generó reacciones opuestas por parte de Estados Unidos y la mayoría de los
otros miembros. Pese a la resistencia de muchos países, Estados Unidos está
decidido a atacar después del 1 de marzo.
Después que
los jefes del equipo de inspectores de armas de la ONU, Hans
Blix y Mohamed
ElBaradei, presentaron su informe el viernes 14
de febrero, cumpliendo con lo estipulado en la resolución 1441 del Consejo de
Seguridad, la sede de ese organismo en Nueva York fue testigo de una inusual
seguidilla de apasionados discursos. Mientras el Secretario de Estado Colin Powell ni
siquiera revisó sus notas para insistir en que el informe validaba la posición
estadounidense que denuncia la falta de cooperación de Irak, los delegados de
Francia y Alemania realizaron apasionados llamados para otorgarle más tiempo a
los inspectores y así evitar la guerra.
Lo cierto
es que el detallado informe de Blix y ElBaradei se podía prestar para ambas lecturas.
Aunque los inspectores insistieron en lo difícil que resultaba obtener la
cooperación del gobierno de Hussein, también
subrayaron los avances logrados en el proceso de control de armas de
destrucción masiva que posee Irak. Sin pedirlo explícitamente, Blix dio a entender que en la medida que se le
otorgue más autoridad al equipo de inspectores y se mejoren las condiciones de
trabajo, mejores resultados se podrían obtener. El gobierno de Francia,
representado por el ministro de relaciones exteriores Dominique
de Villepin, explícitamente pidió extender el
plazo a los inspectores y otorgarle más herramientas para que pudieran avanzar
en su objetivo de verificar la posesión de armas de destrucción masiva en manos
de la dictadura de Hussein.
Las
posiciones pacifistas de Villepin y del
representante alemán Joschka Fisher contrastaron con las posturas pro-bélicas de los
ministros estadounidense Colin Powell, el británico Jack
Straw y la ministra española Ana Palacio.
Pero para el infortunio de la Casa Blanca, la mayoría de los 15 miembros del
Consejo de Seguridad adoptaron posturas a favor de otorgar más tiempo a los
inspectores de armas para que puedan seguir adelante con su trabajo.
El revés de
Washington en el Consejo de Seguridad el día viernes se vio acrecentado por las
numerosas protestas y marchas en pro de la paz que se celebraron en diversas
ciudades del mundo el fin de semana. Incluso en Nueva York, azotada por una ola
de inusuales temperaturas gélidas, miles de personas se congregaron para pedir
una salida pacífica al conflicto. La policía de la ciudad, que inicialmente no
había autorizado la marcha, reconoció la presencia de más de 100 mil personas.
Los organizadores hablaron de 3 veces esa cantidad.
Incluso el
primer ministro británico Tony Blair, al insistir en sus denuncias contra las tácticas
dilatorias de Irak, reconoció la necesidad de dar más tiempo a los inspectores.
Los diálogos que ha mantenido El Vaticano con Irak también apuntan a lograr un
aplazamiento del conflicto. La cumbre de los países árabes, realizada también
el fin de semana, mostró menos uniformidad en las posiciones, pero dejó en
claro una postura a favor de darle más tiempo y más atribuciones a los inspectores
de armas.
En
respuesta, la Casa Blanca envió a partir del domingo un mensaje firme y claro.
La asesora de seguridad nacional Condoleezza
Rice advirtió contra el riesgo de caer en el juego de Sadam
Hussein. A la vez, filtraciones de prensa
indicaban que Washington planea presentar una nueva resolución al Consejo de
Seguridad que permita iniciar el ataque después del informe que deben presentar
los inspectores el 1 de marzo. Rice insistió en que a lo más, Estados
Unidos podría aceptar esperar algunas semanas más, no meses. Endureciendo su
discurso contra Irak, y amenazando veladamente a los miembros del Consejo de
Seguridad que unánimemente aprobaron la resolución 1441, Rice aseguró
que el presidente Bush está determinado a
desarmar a Hussein e instó a la ONU a
mantenerse firme junto al espíritu de la resolución 1441.
Rice dio a entender que Washington no
consideraba que el Consejo de Seguridad debía emitir una nueva resolución y
aclaró que Estados Unidos estaba dispuesto a actuar con la colaboración de los
países que ya han comprometido su apoyo aún sin la aquiescencia de la ONU. El mensaje de otros altos funcionarios de la
administración fue idéntico. E incluso senadores y representantes republicanos
se esmeraron en fustigar a Francia por lo que consideraron un acto de cobardía
por no adoptar una posición más dura contra Hussein.
Rice comparó la actitud de Francia y Alemania con la pasiva respuesta de
algunos países a Hitler cuando éste comenzó
con sus afanes expansionistas.
El informe
de Blix y ElBaradei
no evitó la polarización de las posiciones que ya se venía dando. Aunque
los inspectores tendrán que presentar un nuevo informe el 1 de marzo, Estados
Unidos jugará su última carta con el Consejo de Seguridad de la ONU antes de
esa fecha. Si no logra los 9 votos necesarios para aprobar una nueva resolución
o si alguno de los miembros permanentes del Consejo veta dicha resolución,
Estados Unidos abandonará sus esfuerzos por lograr la autorización de la ONU y
se preparará a iniciar la guerra unilateral a partir del primero de marzo.
La
importancia de la opinión pública mundial
Aunque el
presidente Bush se ha sentido seguro del apoyo
del pueblo estadounidense, hay dos temas que preocupan a sus estrategas. Por un
lado, el apoyo a la guerra no es tan sólido como quisiera la Casa Blanca. El
porcentaje a favor de la guerra disminuye si Washington se decide a atacar sin
el apoyo de la ONU. También, cuando se incluyen preguntas sobre el costo en
vidas humanas estadounidenses e iraquíes o se habla de los costos monetarios de
la guerra, el apoyo a la guerra también disminuye considerablemente. Por otro
lado, el efecto que ha tenido el fuerte rechazo a la guerra que existe en el
resto del mundo genera preocupación en Washington. Por primera vez en la
historia política de este país, la opinión pública mundial también es
considerada.