Lan o Chile
Patricio Navia
La Tercera, marzo
30, 2008
Mientras no rompa
el cordón umbilical que lo une al mundo de los negocios, Sebastián Piñera
seguirá saboteando sus aspiraciones presidenciales con su propia incontinencia
empresarial. En su reciente viaje a Perú, Piñera demostró incapacidad para crear
un cortafuego entre la política y sus intereses empresariales.
Piñera parece no entender
lo poco saludable que resulta para la democracia mezclar la política con los
negocios. En su reunión con el presidente Alan García, Piñera también se
entrevistó con la Ministra de Transportes peruana Verónica Zavala. Aunque dice
haberse sorprendido por la presencia de la ministra en la reunión, lo cierto es
que Piñera no hizo esfuerzos por dejar en claro que viajaba a Perú como
candidato presidencial y no como dueño de LAN. Aunque no sea miembro
del directorio, Piñera es uno de los principales accionistas. Resulta
inverosímil suponer que no está al tanto de los problemas y desafíos que
enfrenta la empresa. Peor aún, ya que participó de una cena en casa del
presidente de LAN Perú donde asistieron importantes políticos, es evidente que Piñera
no entiende los potenciales conflictos de interés entre ser dueño de una empresa
con importantes intereses en Perú y visitar ese país como candidato
presidencial. Era obvio que debía mantener a LAN fuera de todas sus
actividades. La cena con políticos podría haberse realizado igual. Aunque sea
verdad de Perogrullo sugerirlo, la esposa del César no solo debe serlo sino
también parecerlo.
Con su falta de
tino, Piñera ha permitido que se alimenten rumores de que se discutieron los
intereses de LAN en Perú. La incapacidad de Piñera para evitar la percepción de
conflictos de interés confunde a cualquier observador neutral. Si fue a Perú
como líder político, entonces no podía avalar que se sospechara que se había
discutido sobre LAN. En sus viajes internacionales, los políticos a menudo expresan
preocupación sobre los problemas de empresas chilenas con presencia en esos
países. Pero no deberían aprovechar sus giras para defender intereses de sus propias
empresas.
Si en cambio
Piñera hizo uso de su legítimo derecho de ir a Perú como empresario, entonces
no debió promocionar su viaje como acto de campaña y no debió presentarse ante
la opinión pública chilena como estadista defendiendo intereses nacionales. Lo
que es bueno para LAN no es necesariamente bueno para Chile. Todo empresario
tiene derecho a defender los intereses de su empresa, pero nadie tiene derecho
a intentar blindarlos con la bandera nacional.
En su viaje,
insistió en que visitaba Perú “como Sebastián Piñera”. En sus actividades en
ese país, parece haber demostrado fehacientemente que el empresario es incapaz
de separar aguas del político. Al igual que cuando demostró “incontinencia
bursátil” al realizar compras ilegítimas de acciones de LAN (motivo por el que
fue multado por la autoridad respectiva), Piñera volvió a alimentar dudas sobre
sus prioridades. Peor aún, alimentó sospechas sobre su criterio y liderazgo. Su
incapacidad para separar su relación con LAN de su calidad de candidato permite
incluso cuestionamientos sobre su sentido común. Al momento de escoger a su
candidato presidencial, la Alianza tendrá que decidir si avala estos
reiterativos conflictos de interés en la vida pública de Piñera. En caso de que
la Alianza no crea imprescindible crear un cortafuego entre los intereses
empresariales y la política, los chilenos podrán optar por escoger como
presidente a un hombre que, una vez más, exhibió incontinencia empresarial
cuando más necesitaba comportarse como hombre de estado.