Entre contradicciones y el síndrome del pato cojo
Patricio Navia
La Tercera, Julio
20, 2008
Hay verdades que,
precisamente por ser tan evidentes, resulta inapropiado repetirlas. La
incontinencia verbal que ha caracterizado al triunvirato político de La Moneda
refleja tanto la obstinada descoordinación de este gobierno como una
excesivamente apresurada actitud de fin de periodo en la administración Bachelet.
Las declaraciones
del Jefe de Gabinete Edmundo Pérez Yoma señalando que
la Concertación “debe estar preparada para perder el poder” han provocado una nueva
batahola. Como evidencia de errores no forzados en el gobierno, esta
declaración no parece peor que los repetidos exabruptos del vocero Francisco
Vidal o que las inoportunas opiniones sobre la violencia en una telenovela del
Ministro Viera-Gallo. Incluso pudieran ser consideradas menos desafortunadas
que la sulfuradamente académica reacción del Ministro de Hacienda ante una sorprendida
panelista en un programa de televisión. En un gobierno que ha sumado demasiadas
chambonadas ministeriales, los dichos de Pérez Yoma
parecerían equívocos menores.
Pero la polémica
que generó la entrevista refleja nuevos problemas en el gobierno. La reflexión
indica que el gobierno está pensando más en la entrega del poder que en las
numerosas tareas que todavía podría completar en estos 20 meses. La Presidenta Bachelet consolidó esta percepción al confidenciar a un
grupo demasiado numeroso de parlamentarios DC particularmente indiscretos que
no quería entregar la banda presidencial a la Alianza. El gobierno parece
paralizado por la incipiente carrera presidencial. Ya que nunca supo—o
quiso—romper el cordón umbilical con su predecesor, Bachelet
pierde relevancia cuando Ricardo Lagos irrumpe en la arena política insistiendo
en negar la candidatura presidencial que sus acciones revelan a gritos.
El que la polémica
frase provenga del titular de Interior es de suyo preocupante. Su llegada a La
Moneda fue celebrada como señal de que Bachelet por
fin aceptaba gobernar con los partidos y con políticos de probada experiencia y
reconocida habilidad. Pero la estrella de Pérez Yoma
se ha venido diluyendo. Después de perder la pelea sobre la salida de Provoste del Ministerio de Educación, el responsable de la seguridad
pública optó por irse de vacaciones precisamente cuando arreciaban los paros y
las protestas. Las disputas de Pérez Yoma con
Hacienda han demostrado que, pese a no ser candidato a rey de la simpatía,
Andrés Velasco ha demostrado tener más llegada con Bachelet
que ningún otro ministro. Al anunciar medidas contra la inflación que luego
fueron desmentidas por Velasco y por el propio vocero, Pérez Yoma dejó meridianamente claro que se puede ser Ministro
del Interior sin ser jefe de gabinete.
Si bien su
declaración sobre la posibilidad de alternancia en el poder es una verdad de
Perogrullo en democracia, la actitud derrotista que reflejan esas palabras en
boca del jefe político de la Concertación resulta poco saludable para la
consolidación democrática en el país. Porque son los chilenos los que deben
decidir, sería razonable que en diciembre de 2009 se presentaran al menos dos coaliciones
con ganas de triunfar. Cuando la alternancia se decide por secretaría antes de
la elección, se irrespeta el derecho de los ciudadanos a escoger.
Aunque repita
hasta el cansancio que son principios fundamentales de la democracia, Pérez Yoma sabe que su investidura y el momento político por el
que atraviesa su gobierno convierten a sus palabras en innecesario fuego amigo
a un gobierno que se ha pasado dos años apagando incendios propios y ajenos. Ya
que a confesión de partes, relevo de pruebas, La Moneda no podrá volver a pedir
a los actores políticos que retrasen el inicio de una carrera presidencial que
ya ocupa las mentes del triunvirato político del gobierno. Si bien Bachelet sentó precedente respecto a declaraciones
inoportunas al reconocer que el suyo un gobierno corto de dos años, todavía
parece prudente esperar que al menos La Moneda evite actuar como si este
periodo estuviera ya llegando a su fin.