Imagen país
Patricio Navia
La Tercera, Julio
27, 2008
Construir una
imagen de país para una nación que se conoce poco por datos aislados de su
historia, geografía y presencia mediática parece una tarea imposible. Pero así
como Picasso fue capaz de hacer arte a partir de fragmentos aparentemente
inconexos, podemos construir una imagen a partir de los imprecisos estereotipos
que son asociados con Chile en el mundo.
Después de vivir
por 20 años en Estados Unidos, me he acostumbrado a la primera reacción que produce
decir “Chile” cuando preguntan por mi país de origen. A diferencia de Brasil,
Argentina, Cuba o México, más conocidos por su tamaño, historia y lugar en el
mundo, Chile induce a los interlocutores a mirar con cara de “¿y eso es bueno o
malo?” Nadie reacciona con miradas de solidaridad como, por ejemplo, cuando
alguien dice ser de Haití o Bolivia. Nadie pregunta por los conflictos
políticos y sociales que hacen noticia, como con Venezuela o Colombia
(¡enhorabuena!).
“Chile” es una
palabra neutra. Siempre hay aquellos que la relacionan con el vino, fruta,
salmones, cobre, dictadura de Pinochet, Bachelet,
desierto, Torres del Paine, Isla de Pascua u otras
bellezas naturales. No faltan los que mencionan a Neruda, Mistral, Parra o Victor Jara. Dependiendo de las áreas de interés, comentan
sobre la consolidación democrática, las reformas económicas de Pinochet, los
derechos humanos, Allende y su vía hacia el socialismo, algún grupo de rock,
Claudio, Arrau, Isabel Allende, Verónica Villarroel o
algún deportista o actor. Pero la sumatoria de esas irrupciones de imágenes no constituye
una única concepción de país.
Somos el 3% de la
población latinoamericana, y el 5% de la economía regional. Al estar ubicados
entre los más desarrollados y más estables democráticamente, Chile aparece
destacado. Si bien hay otros países más pequeños que son más conocidos, como Suecia,
Noruega o Cuba, es mejor ser poco conocido que ser conocido por cosas malas.
Pero cuando el conocimiento sobre Chile tiende a ser limitado, disperso y
desordenado, hay espacio para construir un concepto positivo más coherente y
uniforme.
Al buscar “Chile”
en Google, recién el sexto sitio en el índice es un portal nacional, de Turismo
Chile. Imagenpaís.cl anuncia un seminario que ya ocurrió (metafóricamente, refleja
un país en busca de su identidad). Como un adolescente que experimenta con
distintos rasgos de personalidad, los chilenos parecemos haber pasado de
diferenciarnos de la América latina tropical (Iceberg en la Expo Sevilla) a diferenciarnos
con un slogan intencionalmente mal escrito (Chile, All
ways surprising) que despertó
inseguridades en muchos.
La preocupación
del gobierno por la Imagen País refleja un paso en la dirección correcta. Pero
la forma de abordar el desafío parece más apropiada para cuando el Estado
controlaba todo desde arriba hacia abajo que para el Chile de hoy, donde
crecientemente el mercado ha diversificado y masificado el control y el número
de actores. Si bien el Estado debe cumplir un rol regulador, la iniciativa
privada logrará mejores resultados. Más que un organismo público, debiéramos
tener fondos concursables para iniciativas privadas. Con
transparencia, rendición de cuentas apropiadas y espacio para la creatividad,
este esquema además de ser exitoso demostraría nuestra capacidad para combinar
un estado pequeño pero musculoso con una iniciativa privada innovadora y
fuertemente competitiva.
Aún a riesgos de
que la imagen de Chile termine siendo un mosaico con figuras algo deformes—como
en un oleo de Picasso—construir una imagen a partir de lo que cotidianamente
somos y hacemos los chilenos parece más ventajoso que intentar hacerlo desde La
Moneda con un estilo que parece más propio del Chile que ya fue que del Chile
que estamos construyendo.