Leonardo
Farkas for President
Patricio Navia
La Tercera, noviembre 23, 2008
La irrupción de Leonardo Farkas
en la arena de los presidenciables habla mucho más de las debilidades de los
políticos chilenos que de las fortalezas de este pintoresco empresario.
Ayudado por bulliciosas apariciones públicas, donde
reparte dinero a granel, Farkas se ha convertido en un
objeto favorito de la farándula. Ya que muchos políticos ya hen
hecho cualquier cosa para lograr algunos segundos en televisión y portadas de
diarios, mucha gente ahora pudiera creer que es normal que alguien haga el
trayecto opuesto desde la farándula a la política.
Más que empresario, Farkas es
más bien un bon vivant. No aparece en las páginas de negocios. Lo suyo está más
en el espectáculo que en una vida de iniciativas emprendedores que han generado
riqueza y empleo. Es mucho más Paris Hilton, la polémica heredera de una
fortuna empresaria hotelera, que Bill Gates, el fundador de Microsoft.
Aparentemente, Farkas pareciera
querer ser filántropo. Pero en vez de establecer una fundación que entregue
dinero en forma metódica y ordenada, Farkas regala billetes
de forma pomposa e ineficiente. Esa dadivosidad requiere que la gente se
convierta en limosneros ansiosos de ser beneficiarios de su discrecionalidad. La
permanente presencia de cámaras convierte al rubuio
empresario en un showman y a sus improvisados
mendigos en actores secundarios de un lamentable circo que sólo subraya las
profundas desigualdades de nuestra sociedad.
Nadie se molesta en
saber las posiciones políticas de Farkas. Por
ejemplo, qué piensa sobre la reforma educacional, el Transantiago,
la reforma electoral, el plan Auge o la ley de presupuestos. En la encuesta de
La Tercera, un 20% lo define como de izquierda. Otro 20% no sabe. Igual
cantidad lo asocia con el centro. El doble de personas lo identifica con la derecha.
Es probable que
nadie piense seriamente en votar por Farkas para
presidente. Después de todo, su grupo de apoyo en Facebook
es un buen chiste, pero un chiste al fin. En circunstancias normales, Farkas sería la combinación perfecta entre showman y un improvisado filántropo. Pero la seriedad con
que algunos se toman sus aparentes aspiraciones presidenciales refleja lo
desacreditado que está hoy la política. Si los políticos se las dan de showman, por qué no escoger de presidente entonces a un
payaso de verdad.
Cuando creen que
los médicos no saben curar enfermedades, la gente termina visitando a un
chamán. La irrupción de Farkas es síntoma de la crisis
profunda de nuestra elite política. Mucho más que incrédulas sonrisas, sus
aspiraciones presidenciales debieran ser una clara advertencia de las
turbulencias que se aproximan en la ruta de la democracia chilena.