Los últimos obstáculos de Piñera
Patricio Navia
Revista Poder,
julio 2008
Para llegar a La
Moneda, Sebastián Piñera aún debe superar tres formidables obstáculos. Debe
controlar a su saboteador interno. Luego, debe superar los estorbos que
incomprensiblemente su propia Alianza le pone en el camino. Finalmente, tiene
que derrotar a la poderosa Concertación.
Su saboteador interno
Los candidatos
presidenciales tienen personalidades especialmente complejas. Además de ser
profundamente ambiciosos, tienden a ser desconfiados—por buenas razones—y a seguir
demasiado su intuición. Ya que la política es una mezcla de arte y ciencia, los
presidenciables tienen que sopesar cuidadosamente las encuestas y los análisis
expertos con sus corazonadas.
Es verdad que
ocasionalmente hay candidatos cuyo éxito parece asociado más a la fortuna que a
la ciencia. Pero Piñera ya no fue uno de ellos. A veinte años de su ingreso a
la política en las senatoriales de 1989, Piñera no es un candidato nuevo ni un
outsider. Por eso, debe asumir los cadáveres políticos que hay en su closet y
aceptar que su carrera política está llena de lucideces y también momentos oscuros.
Conocedor y
estudioso, Piñera ha demostrado estar preparado para la presidencia. Pero su
ansiedad es evidente. La combinación de tics nerviosos, un uso excesivo de
adjetivos y su insistencia en describir detalladamente los desafíos de
políticas públicas y sus propias propuestas para abordarlos genera confianza
sobre su capacidad pero también dudas sobre sus intenciones. Su condición de
empresario ayuda y a la vez daña. Si muchos valoran su habilidad para hacer
negocios, otros dudan que sea más un gerente de país que un presidente de todos
los chilenos. Las dudas que despierta el sector privado en amplios sectores de
la población—especialmente los que más dependen de subsidios públicos—alimenta
sospechas de que un empresario presidente querrá o bien vender las empresas
públicas o comprarlas.
Si el electorado cree
que Piñera busca la presidencial porque se lo merece por su inteligencia y
habilidad, difícilmente votará por él. Piñera necesita que la gente crea que él
está interesado más en el bienestar de los chilenos que en el PIB de Chile. Los
votantes deben creer que Piñera se preocupa mucho más de los empleados de la empresa
que de sus dueños. Piñera debe demostrar que su preocupación está más con los
accionistas minoritarios que con los socios controladores.
El enemigo en casa
No hay peor enemigo que el habita en la
misma casa. Las desconfianzas que despierta Piñera en la UDI y en algunos
sectores de RN le hacen daño en dos frentes. El fuego amigo desvía los recursos
y la atención de Piñera y reduce la cantidad de municiones disponibles para
combatir a la poderosa Concertación. En la UDI lo quieren poco porque es un derechista
atípico. En RN despierta sospechas porque no es hombre de partido.
A menos que tenga una coalición
ordenada trabajando por él, Piñera difícilmente llegará a La Moneda. Ya en
2005, su ingreso a la carrera presidencial produjo—o evidenció—conflictos al
interior de la Alianza. Cada vez que ha intentado presentarse como el líder del
sector, la desunida UDI se ordena para cuestionarlo. RN ha devenido en un
partido de caciques, pero ninguno parece demasiado interesado en poner sus
milicias a trabajar por él. De hecho, Piñera parece mucho más popular entre los
electores independientes.
Piñera necesita alinear a la Alianza.
Ese será su primer gran test de liderazgo. Si falla, la suya será una campaña
tan personalista que despertará dudas sobre su capacidad para gobernar en caso
de resultar ganador. Desde que Jorge Alessandri ganó con un 30% en 1958, la
Derecha parece incapaz de convocar a una mayoría del electorado. Piñera debe
convencer a su sector que La Moneda vale mucho más que los costos que implica,
especialmente para la UDI, apoyarlo.
La poderosa Concertación
Después de ganar las cuatro elecciones
presidenciales, cinco legislativas y cuatro municipales desde 1989, la
Concertación ha demostrado fuerte arraigo popular. Es la coalición que más ha
ganado en la historia de Chile. Es también una de las más exitosas y estables
en América latina. Después de 20 años de control del aparato público, la
Concertación sabe cómo aprovechar su condición de ser gobierno. Cuando se tiene
el control de la ejecución del presupuesto y cuando se posee poder discrecional
en la capacidad reguladora, el partido en control del ejecutivo parte con ventaja.
Piñera debiera buscar las
vulnerabilidades de esa máquina electoral. El gobierno saliente de Bachelet ha
demostrado ser mucho más hábil para ganarse la simpatía de la gente que su
respeto. Los errores no forzados y las descoordinaciones alimentadas desde La
Moneda tienen a la Concertación en un innegable estado de desánimo.
Piñera puede aprovechar la creciente
capacidad del electorado chileno de desasociar la elección presidencial de la
contienda parlamentaria. En 2005, mientras la Concertación obtuvo un 51,8% de
la votación en la elección de diputados, Bachelet logró un 46% en primera
vuelta. Las dudas sobre su liderazgo—o bien su condición de mujer—llevaron a un
número importante de personas a apoyar a otros candidatos presidenciales. La
clave está en entender que las elecciones presidenciales son mucho más sobre personas
que sobre partidos. Es difícil que la Concertación pierda en elecciones
legislativas o municipales. Pero la presidencial es distinta.
Piñera debe capturar parte del voto
tradicionalmente concertacionista. Para ello no debe errar atrayendo a los
impopulares políticos renunciados de la Concertación. Ellos desangran a la coalición
oficial. Pero Piñera no necesita de su apoyo. Piñera no debe buscar el cuestionable
apoyo de los marinos ex oficialistas que han saboteado el barco Concertación.
Para derrotar a la Concertación, Piñera debe buscar el voto de un electorado
que cada vez se siente más náufrago de la coalición oficial.
Más cerca que nunca
Si la elección
fuera en un mes, Piñera sería el triunfador. Pero aún faltan 17 meses. Los obstáculos que
Piñera aún debe superar son formidables. Pero las condiciones para una victoria
de Piñera son casi óptimas. Desde el retorno de la democracia que la coyuntura
económica y política no era tan favorable para una derrota de la Concertación.
En tanto Piñera sea capaz de controlar sus enemigos internos—y en la medida que
la Concertación insista en autodestruirse—la derecha chilena está muy cerca de
volver a la tierra prometida de La Moneda, esta vez por la puerta ancha de la
democracia. Con una historia personal y una visión de país que se acerca mucho
a posturas de centro, Piñera está muy cerca de lograr la notable hazaña de
romper el dominio electoral que la Concertación ha ejercido desde el fin de la
dictadura de Pinochet.