En negación
Patricio Navia
Revista Capital, #145,
noviembre 19, 2004
Si bien la
negación es una reacción comprensible en el comportamiento humano, sus efectos terminan
siendo dolorosamente costosos para los partidos de aquellos líderes políticos que
lo experimentan. Ahora que los presidentes de los dos principales partidos
políticos chilenos han caído víctimas de la negación, las opciones de sus
mejores cartas presidenciales terminarán inevitablemente debilitadas. A menos
que Jovino Novoa y Adolfo Zaldívar
superen su estado de negación, tanto la UDI como la DC saldrán
significativamente perjudicados en los próximos meses.
El presidente UDI
e impenitente apologista de la dictadura Jovino Novoa
insiste en que la Concertación fue derrotada en las municipales: “me
preocuparía mucho si fuera líder de la Concertación que de haber sacado un 52%
baje al 44%.” Si bien la Concertación sacó un 44,8% en alcaldes, en concejales
logró un 47,9%, 10% sobre la Alianza. Pero además de ignorar que su sector cayó
de 195 a 103 alcaldes, la actitud de Novoa simplemente refleja su porfiado
estado de negación. Pero la derrota en las municipales no significa que Lavín esté fuera de carrera para el 2005. Basta con
corregir la estrategia para volver a una posición competitiva. Ya que primero debe
entender que va por mal rumbo, en tanto Novoa siga negándose a aceptar la
derrota será imposible que la UDI acompañe a Lavín en
esta breve pero necesaria travesía por el desierto. Como si en el fondo quisiera
ser él mismo el ungido de su partido (Novoa fue pre-candidato
presidencial en 1993), el presidente UDI pareciera estar trabajando para evitar
que Lavín gane el 2005.
En la DC, Zaldívar ha querido transformar un buen resultado electoral
en una peregrina aspiración presidencial personal. Sin entender que las
victorias emblemáticas de la DC (Peñalolén y Maipú por
ejemplo) tuvieron más que ver con la calidad y el trabajo en terreno de los
candidatos (y también de Alvear) que con su capacidad
para ordenar el partido, Zaldívar ha caído víctima de
la negación. Cuando señaló que “Lagos cometió un error al presidencializar
la campaña,” Zaldívar ofreció el mejor ejemplo de
cómo el voluntarismo político se puede convertir en una tozuda obstinación que
no permite reconocer la realidad. Las personas razonables saben que la victoria
oficialista en las municipales se debió fundamentalmente a que Lagos respondió
a la lavinización de la campaña de la derecha con la presidencialización de la campaña concertacionista.
Su salida obligada, permitió a las ex ministras Alvear
y Bachelet convertirse en jefes de la campaña concertacionista. Las encuestas, que daban un empate técnico terminaron siendo
erróneas no por mal diseño metodológico, sino porque la Concertación repuntó al
final gracias a la activa participación de Lagos y la militante presencia de Alvear y Bachelet en las comunas
del país.
Pero así como los
pacientes en negación no pueden ser sanados solamente con la evidencia
objetiva, la obsecuencia del presidente DC no va a llegar a su fin sólo con argumentos
lógicos. Zaldívar no logra entender que los vientos
soplan hoy a favor de Lagos en el país y de Alvear en
la DC. Pese a sus conocidas y ahora familiares falencias y debilidades, Lagos
es uno de los políticos más hábiles del país. Desde que logró salir airoso del
difícil año 2002, se ha convertido en un presidente saliente poderosísimo y muy
popular. De poco sirve—y eso si lo entiende Lavín—intentar
hacerse popular criticando a Lagos. Pero tampoco le sirve a Zaldívar
pretender fortalecerse criticando a Alvear. La ex
ministra de relaciones se ha preparado por años para esta campaña. Ha
construido equipos, forjado lealtades y alianzas, preparado el terreno y sumado
adherentes. La obstinación de Zaldívar por buscar la
candidatura para si mismo no será suficiente para desbancar a Alvear. Ya que Alvear, o en todo
caso Eduardo Frei, es el nombre que más fortalece a
la DC, la determinación actual de Zaldívar por
negarse a la realidad y obsesionarse con una candidatura presidencial personal
terminará por hacer más daño que bien al partido de sus amores.
A menos Novoa y Zaldívar abandonen el síndrome de negación del que han
caído víctimas, los mejores aspirantes presidenciales de sus respectivas
tiendas y la propia fortaleza electoral de sus partidos políticos terminarán
siendo las víctimas de una condición psicológica que en la vida cotidiana se
supera con terapia, pero que en política termina por costarle la cabeza a los
que lo experimentan.