Tropas chilenas en Haití
Patricio Navia
Revista Capital,
#159, julio 1, 2005
Porque tanto el
gobierno de Lagos como la oposición decidieron utilizar el envío de tropas
chilenas a Haití en marzo del 2004 para avanzar sus propias agendas políticas
domésticas, nuestros soldados llegaron a ese país caribeño sin que el gobierno
ofreciera—ni la oposición demandara—una estrategia de salida. Ahora que se
cumplen 16 meses con presencia de nuestras FFAA en Haití, ni el gobierno ni la
oposición quieren discutir sobre cuánto tiempo seguirán nuestras tropas en ese
inestable país.
Cuando la presión
de los gobiernos estadounidense y francés forzó la renuncia del autoritario y corrupto
(pero democráticamente electo) presidente de Haití Jean Bertrand
Aristide el 29 de febrero del 2004, el gobierno
chileno rápidamente se comprometió a enviar tropas como parte de un esfuerzo
internacional para evitar la guerra civil. Aunque Chile firmó la Carta
Democrática de la OEA el 2001, el gobierno de Lagos optó por ignorar el origen
democrático de Aristide y se plegó a los esfuerzos
que buscaban la renuncia del mandatario haitiano. Apenas Aristide
fue forzado a renunciar (y tomó un avión enviado por Estados Unidos que lo
llevó al exilio), el gobierno chileno anunció el envío de tropas para el cuerpo
especial de paz, sancionado por la ONU, que se abocaría a construir las
condiciones para la restauración de la democracia. El embajador chileno Juan
Gabriel Valdés fue nombrado como representante especial del secretario general
de la ONU en la misión especial en Haití. El plan inicial estipulaba que el
gobierno de transición haitiano organizaría elecciones durante el 2005 para
entregar el poder a comienzos del 2006 a un gobierno democráticamente electo.
Pero la dificultad
que ha tenido el gobierno de transición para lograr sentar a la mesa a todos
los partidos involucrados—en particular a los seguidores de Aristide,
que cuestionan la legitimidad del gobierno impuesto por Estados Unidos y
Francia y reconocido por la ONU—y la crisis económica y social que azota a esa
empobrecida nación hacen improbable que haya elecciones limpias y transparentes
antes de fin de año. Pero incluso si hay elecciones, la probabilidad de que el
nuevo gobierno sea capaz de controlar el país es baja, por lo que las tropas extranjeras
tendrán que permanecer allí. Por eso, ya que se ha comprometido a mantener las
tropas en Haití, Chile tendrá que renovar su compromiso de presencia militar
allí más allá de la permanencia de Lagos en La Moneda.
Ya que el Presidente
Lagos se comprometió a enviar tropas a Haití sin consultar previamente con el
Senado (como hubiera correspondido si el Mandatario se hubiera ceñido fielmente
a la letra de la Constitución), la determinación de enviar tropas fue
autorizada por un Senado que estaba contra la espada o la pared. O ratificaba
la decisión del presidente, o lo humillaba frente a la opinión pública
internacional. Pero el apresuramiento de Lagos no fue lo único que evitó que
entonces se produjera un debate serio y acabado sobre el envío de tropas. Cualquier
posible cuestionamiento desde la oposición de Derecha fue imposibilitado días después
cuando el abanderado de la UDI, Joaquín Lavín, visitó
las tropas chilenas acompañado de una vedette de la televisión nocturna. Al
viajar a Haití, deseoso de obtener figuración en los medios como un hombre de
estado que visita tropas de paz chilenas desplegadas por el mundo, el
abanderado de la UDI otorgó un apoyo implícito a la iniciativa de Lagos y
eliminó cualquier posibilidad de que los senadores de Derecha posteriormente cuestionaran
la conveniencia de la decisión de Lagos.
Hace 16 meses, el
Presidente Lagos, queriendo demostrar su liderazgo regional se apresuró en
enviar tropas a Haití sin explicar cuál era la estrategia de salida. El líder
de la Derecha, Joaquín Lavín, se apresuró para sacar
provecho mediático de la acelerada decisión. Por diferentes motivos, ambos
líderes olvidaron que su obligación era actuar como hombres de estado, velando
por los intereses de largo plazo del país. Después que el gobierno comprometió
presencia militar sin tener una estrategia de salida, la segura permanencia de
las tropas chilenas en Haití más allá del fin del sexenio Lagos subraya la
necesidad de que los gobernantes usen políticas de estado, más que intereses coyunturales,
a la hora de comprometer la presencia de las fuerzas armadas chilenas en
campañas de pacificación en el mundo.