El modelo y la caída de Michelle
Patricio Navia
Revista Capital,
#170, diciembre 2, 2005
Ahora que la
segunda vuelta parece inevitable, han sobrado las explicaciones de por qué Michelle
Bachelet no va a lograr mayoría absoluta en un
contexto de crecimiento económico y altísima popularidad del Presidente Lagos.
Una explicación que no debiera ser ignorada es la temerosa defensa del modelo económico
que ha realizado el comando de la candidata oficial. Porque Bachelet
no se apropió del modelo económico, que tanto éxito le ha traído a Lagos,
Sebastián Piñera ha conseguido penetrar en el
electorado que quiere más de lo mismo.
La encuesta
metodológicamente más sólida que se realiza regularmente en Chile es la del
Centro de Estudios Públicos (CEP). Nadie más realiza encuestas probabilísticas
representativas de todo el país. Mejor aún, siguiendo la creciente tendencia a
la transparencia, el CEP se ha unido a una serie de instituciones que hacen
pública toda su metodología e incluso la base de datos con las respuestas de
todos los entrevistados. Por eso, la encuesta del CEP ha sido justificadamente
catalogada como el oráculo de la opinión pública. Aunque sus sondeos se
realizan dos veces al año, el CEP aumentó su número de sondeos a tres el 2005
(junio/julio, agosto/septiembre, octubre/noviembre).
La baja en la
intención de voto por Bachelet que quedó en evidencia
en la última encuesta CEP ha sido
explicada desde muchos prismas. Su condición de mujer, el diseño de su campaña,
las tensiones al interior de los partidos de la Concertación e incluso las condiciones de liderazgo y de capacidad de la
candidata han sido sindicadas como responsables de la caída. Pero un análisis
cuidadoso de las encuestas del CEP indica que la caída de Bachelet
se explica en buena medida por la pérdida de apoyo en aquel segmento del
electorado que está optimista respecto a la economía del país y aprueba el
desempeño del Presidente Lagos.
En junio del
2005, el 63,9% de los que creían que la situación del país era buena o muy
buena señalaban a Bachelet como su candidata preferida.
Esa cantidad cayó a 53,9% en la encuesta de octubre. La intención de voto por Piñera en ese grupo subió de 18,1% a 24,4% en igual
periodo, mientras que la de Lavín no varió (9,8%).
Entre aquellos que creen que la situación económica del país no es buena ni
mala, la intención de voto por Bachelet cayó de 48,5%
a 40,1% en el mismo periodo. El apoyo a Piñera subió
de 15,2% a 22,4%, mientras que el de Lavín bajó
levemente en ese grupo (20,9% a 17,6%).
Aunque Bachelet debería ser la candidata favorita de aquellos que,
por su percepción sobre la economía, favorecen el continuismo, Piñera ha logrado penetrar ese sector. Porque Bachelet, y en particular algunas de las figuras de su
comando, han insistido en un discurso de cuestionamiento al modelo, de corregir
rumbo y de alterar las prioridades, Piñera ha aumentado
su apoyo en un electorado que quiere más de lo mismo en las políticas económicas.
Piñera logró apropiarse del discurso del continuismo,
frente a un Lavín que equivocadamente puso énfasis en
(una poco creíble) disminución de la desigualdad y especialmente frente a una Bachelet que se ha mostrado menos entusiasmada con el
modelo que perfeccionó el propio Presidente Lagos.
Peor aún, Bachelet perdió más apoyo entre los que aprueban la gestión
del Presidente Lagos que entre los que la desaprueban. Su intención de voto
cayó de 61,2% a 53,1% entre los primeros, mientras que entre los segundos su intención
de voto apenas pasó de 19,7% a 16,4%. A su vez, Piñera
mejoró su apoyo entre los que aprueban la gestión de Lagos, al pasar de 16,4% a
20,0%. Lavín aumentó su apoyo entre los que rechazan
la gestión del Presidente Lagos y apenas se movió entre los que desaprueban la
labor de Lagos. Nuevamente, el discurso anti-modelo y
anti-gobierno que privilegió Lavín—y
al que Bachelet nunca se opuso abiertamente—terminó
por abrirle paso a un Piñera que se ha esforzado por
vestirse con los colores de la Concertación y el continuismo.
Aunque ya es
demasiado tarde para corregir errores antes de la primera vuelta (pese a que Bachelet si ha intentado acercarse mucho más a Lagos en las
últimas semanas), lo más probable es que, de producirse una segunda vuelta, la
disputa por quién representa mejor el continuismo determinará quién suceda finalmente
a Lagos. Felizmente para Bachelet, ella es la
candidata privilegiada por Lagos. Pero incomprensible—y afortunadamente para Piñera—Bachelet no supo
aprovechar adecuadamente esa ventaja durante buena parte del periodo de
campaña.