Senado Concertacionista
hasta el 2014
Patricio Navia
Revista
Capital #173, enero 27, 2006
Porque los
partidos de derecha apoyaban el sistema binominal en
parte debido a que supuestamente hacía muy difícil que una sola coalición
obtuviera mayoría absoluta en el Congreso, los resultados de las parlamentarias
del 2005 debieran ser argumento más que
convincente para que la Alianza se decida a aceptar reformar el sistema
electoral. Si se mantiene el binominal, la
Concertación tiene asegurada la mayoría en la Cámara Alta hasta marzo del 2014.
De las 10
circunscripciones senatoriales en disputa el 2005, la Concertación logró el
doblaje sólo en una (Octava Costa.) Eso fue suficiente para que la coalición de
gobierno se asegure el control mayoritario del Senado por los próximos 4 años.
Pero como resulta improbable que la Alianza logre doblar la votación de la
Concertación en alguna de las 9 circunscripciones que renuevan senadores el
2009, la coalición de centro-izquierda podrá beneficiarse del único doblaje que
existe en el país para mantener el control mayoritario del Senado hasta marzo
del 2014.
Al
controlar el Senado, la Concertación podrá aprobar modificaciones a los
impuestos, a las leyes laborales y podrá imponer una serie de regulaciones de
gran impacto sin consultar a la oposición. Es más, como la Concertación cuenta
con 20 de los 38 escaños, bastaría con 2 votos adicionales para alcanzar una
mayoría de 4/7 (necesaria para modificar la mayoría de las leyes orgánicas
constitucionales) y sólo 3 votos adicionales para lograr los 3/5 (mayoría
necesaria para muchas reformas constitucionales, incluida la del sistema
electoral.) Si bien la Concertación requerirá de 6 votos adicionales para tener
una mayoría de 2/3 en el Senado, las reformas constitucionales que requieren de
esa súper mayoría no están en la agenda. Por eso, bastaría una negociación
exitosa con tres senadores de oposición, para darle a la Concertación una
mayoría incontrarrestable en el Senado.
Ante ese
escenario, es conveniente que la propia Alianza se haga cargo de la demanda por
terminar con el binominal. Mientras más proactiva sea, más puede influir en el resultado final. Si
en cambio la Alianza adopta una oposición cerrada a reformar el sistema, la
Concertación terminará pasándole la aplanadora o, peor aún, la coalición de
gobierno reformará sólo la composición de la Cámara de Diputados y mantendrá el
binominal en el Senado para así asegurarse el control
de la Cámara alta por los próximos 8 años.
Los
sistemas electorales debieran compatibilizar cuatro principios: gobernabilidad,
representatividad, competencia y transparencia. Mientras menos partidos
políticos (y menos grupos) excluidos, más gobernabilidad. Mientras más se
refleje una diversidad de partidos políticos permanentes y estables en el congreso
(y más se respete el principio de una persona, un voto), más y mejor
representatividad. Mientras mejor se asignen los escaños para premiar al que
termina primero (y no a los que terminan en segundo o tercer lugar), más
competitividad. Y mientras más fácil de entender sea el sistema (y más claro
quede el papel del dinero en las campañas), más transparencia.
Tomando en
consideración esos cuatro principios, la Alianza bien pudiera proponer una
reforma electoral que, incluyendo tanto la composición de la Cámara como del
Senado, reemplace el binominal con un sistema que,
privilegiando la formación de grandes coaliciones, otorgue representación a
partidos establecidos y legítimos que hoy están excluidos. Además de contribuir
al fortalecimiento de la democracia (enterrando de una vez por toda lo poco que
queda del legado institucional de democracia protegida de Pinochet),
la Alianza bien pudiera pavimentar su propio camino a La Moneda el 2009. De
nada servirá llegar a la presidencia en marzo del 2010 si la Concertación sigue
controlando el Senado. Una reforma electoral que aumente el número de senadores
y reemplace al sistema binominal sería una hábil
maniobra política que sólo traería ganancias para la Alianza.
Pero si en
la derecha se imponen aquellos obstinados que se niegan a aceptar que Chile
vive en una democracia donde ganan los que presentan mejores propuestas de
futuro y los que son capaces de captar votos tradicionalmente esquivos (Bachelet sacó menos en hombres que Lagos en enero del 2000,
pero subió mucho en votos de mujeres respecto a Lavín
el 2000), entonces la mayoría que hoy goza la Concertación en el Senado bien
pudiera verse reproducidael 2010 nuevamente en la
Cámara de Diputados y en la propia Moneda. Porque la derecha no puede arriesgarse
a quedar 24 años fuera del poder, es hora de que la propia Alianza proponga una
reforma al sistema binominal.