Interviniendo los partidos
Patricio Navia
Revista Capital
#179, mayo 5, 2006
La determinación
de la presidenta Bachelet de intervenir el
funcionamiento interno de los partidos constituye una inequívoca oportunidad
para mejorar la calidad de nuestra democracia. Pero su intención de obligar a
los partidos a aumentar el número de mujeres en el parlamento es una mala
solución para promover el pluralismo y la diversidad en los puestos de elección
popular.
A diferencia de
su antecesor, Bachelet parece más interesada en el
sistema de partidos. Su compromiso con lograr que haya más candidatas al
parlamento—y presumiblemente, electores mediante, más mujeres en el
congreso—evidencia su voluntad de modificar el funcionamiento interno de los
partidos políticos. Mientras la relación de Lagos con los partidos siempre fue
difícil y su preocupación por transparentar y democratizar el funcionamiento
interno de los partidos chilenos fue excesivamente tímida, Bachelet
ha declarado reiteradamente su interés en que haya más mujeres en el
parlamento. Considerando que sus primeros dos meses en La Moneda se han
caracterizado por el estricto apego a las “36 medidas” y por un marcado rechazo
a declaraciones improvisadas, sus espontáneos
comentarios a favor de una ley de cuotas para mujeres en elecciones
parlamentarias evidencian que Bachelet tiene la
voluntad política para meterse en un tema que incuestionablemente provocará
tensión con los liderazgos partidistas. Bien por ella. La calidad de la
democracia depende de la calidad de los partidos políticos. Como bien señaló
Héctor Soto en La Tercera el 23 de
abril, Chile le está quedando grande a la clase política. A menos que adopten
medidas en pro de la transparencia y democracia interna, los partidos se
constituirán en obstáculos para el desarrollo económico y social futuro del
país.
Por eso es
positivo que Bachelet haya dado señales claras para
cambiar la forma en que los partidos se gobiernan a si mismos. Pero el camino
que ha señalado es equivocado. Como dejando en claro que su formación inicial e
intuición natural la llevan a privilegiar un estado interventor y regulador en
exceso, Bachelet quiere obligar a los partidos a
tener más mujeres candidatas. Pero una ley de cuotas simplemente llevaría a las
elites partidistas a buscar mujeres en los clanes y las familias políticas de
siempre. El verdadero problema que evita que las listas de candidatos reflejen
el pluralismo y la diversidad de género—pero también de clase social y origen
económico—que existe en el país es la falta de democracia competitiva en la
forma en que los partidos se gobiernan a si mismos.
Los partidos
tienen pocas mujeres candidatas—y poco recambio en general—porque hay poca
competencia y transparencia en el proceso de nominación de candidatos a puestos
de elección popular. Pero esa ausencia de competencia daña no sólo a las
mujeres aspirantes. Todos aquellos que no son parte de los aparatos de partidos
sufren igual discriminación, independientemente de su género. Más que las ideas
o propuestas innovadoras, la mejor forma de llegar al parlamento en Chile
consiste en tener buenos contactos con los aparatos que controlan a los
partidos. Para poder ser candidato, hay que ser protegido de algún barón del
partido o ser miembro activo de alguna de las facciones. Lealtad a los líderes,
más que lealtad a los ideales del partido, determinan las posibilidades de ser
candidatos. La disciplina y el acatamiento de las voluntades de los barones,
más que la contribución de ideas y propuestas innovadoras es el camino a tomar
para ganarse un cupo en la lista de candidatos al parlamento, al concejo
municipal o incluso a los puestos de confianza del ejecutivo.
Si introduce una
ley de cuotas, la presidenta Bachelet logrará que
haya más mujeres en puestos de elección popular. Pero la calidad de la
democracia no mejorará. En cambio, si se esmera en promover reformas que
obliguen a los partidos que reciben financiamiento estatal para sus campañas a
tener más transparencia y competencia real en los procedimientos de nominación
de candidatos, la primera mandataria matará varios pájaros de un tiro. El
número de mujeres aumentará, pero también mejorará la calidad de todos los
candidatos. Es una buena noticia que Bachelet esté
interesada en reformar el funcionamiento interno de los partidos políticos.
Pero para hacer las cosas bien, la Presidenta debe introducir más competencia y
transparencia en vez de querer regular el mercado para producir artificialmente
resultados que introduzcan diversidad de género pero no calidad de la
representación.