Embajadores políticos y de carrera
Patricio
Navia
Revista
Capital #183, junio 29, 2006
Mientras
las embajadas sigan siendo consideradas premios de consuelo, nuestra diplomacia
no podrá estar a la altura de lo que precisa un país cuyo bienestar económico depende
de su exitosa integración al mundo. El gobierno se debe comprometer a
privilegiar una diplomacia basada en profesionalismo y mérito, eliminando el
uso de destinaciones en el exterior como reconocimiento a políticos por sus años
de servicios y lealtad.
En
Chile, aunque la carrera diplomática fue históricamente un reducto de la
oligarquía tradicional—los apellidos ‘ilustres’ estaban notablemente sobre representados
entre los diplomáticos—y durante la dictadura hubo una purga contra aquellos con
ideas políticas de izquierda, a partir de 1990 se han hecho esfuerzos para
formar un equipo de expertos adecuadamente capacitados para representar los
intereses del Estado—más que del gobierno de turno—en el exterior. Aunque todavía
hay que avanzar para tener un cuerpo diplomático de incuestionable excelencia,
las generaciones más jóvenes son cada vez mejor preparadas y más profesionales
que las de antaño.
Por
cierto, la profesionalización de nuestra diplomacia comenzó a tomar vuelo en
plena dictadura militar cuando, gracias a la osadía de algunos diplomáticos, se
terminó con el veto ideológico a los simpatizantes del centro y la izquierda
moderada. En los noventa, la introducción de meritocracia
permitió que la Academia Diplomática recibiera aspirantes de mejores
credenciales académicas y tuviera mayor diversidad—aunque los pitutos ocasionalmente han seguido funcionando para
parientes y amigos de la ‘familia diplomática’.
Pero la
profesionalización del cuerpo diplomático no ha sido adecuadamente recompensada
en el nombramiento de embajadores. Si bien todavía quedan diplomáticos que
entraron al servicio cuando el principal requisito de ingreso era el apellido,
las generaciones más jóvenes que han sido preparadas más profesionalmente y que
poseen excelentes credenciales académicas y acabado conocimiento de la
diplomacia no han podido llegar a ocupar puestos de importancia en el servicio
exterior.
Parcialmente,
la causa es el cuello de botella producido por la existencia de embajadores
“políticos” que ocupan casi la mitad (42% en 2006) de las representaciones de
Chile en el exterior y los puestos más importantes en la propia Cancillería. Si
bien es comprensible que políticos de confianza del ejecutivo en lugares clave,
es otra la razón que explica que Chile tenga tantos embajadores que no son de
carrera. Las embajadas son consideradas como premios de consuelo para políticos
que han perdido elecciones o para ex funcionarios que demostraron lealtad. Ya
que el criterio para los nombramientos es recompensar sacrificios pasados, a
menudo los embajadores políticos no tienen conocimientos del país al que van destinados,
ni tampoco están interesados en aprender. Para ellos, el nombramiento es un premio
por todo lo que hicieron y, en muchos casos, un mecanismo para hacer caja para
futuras aventuras políticas o para un cómodo retiro.
Lamentablemente,
esa lógica no contribuye a crear un servicio diplomático de calidad. Por
cierto, los parlamentarios que han perdido la re-elección o los ex ministros que
no tienen pega no son nombrados generales o almirantes en señal de
agradecimiento por sus contribuciones al gobierno. Tampoco deberían recibir embajadas
como premios de consuelo. Los funcionarios de carrera con destacados desempeños
en el servicio exterior debieran ocupar la mayoría de las destinaciones en el
exterior.
Es
verdad que todavía hay mejoras sustantivas que realizar en el cuerpo
diplomático. Pero en los últimos 20 años se ha avanzado en la dirección
correcta. Cada nueva generación de egresados de la Academia Diplomática está
mejor capacitada que las anteriores. Hay más rigurosidad en la capacitación y
en los mecanismos de control de calidad. Las reformas deberían profundizar en
la misma dirección. Pero también corresponde introducir más incentivos
correctos en el nombramiento de embajadores con la eliminación paulatina pero
decidida de los nombramientos como premios de consuelo. La calidad del cuerpo
diplomático mejorará mucho más cuando los representantes de Chile sean
funcionarios de carrera preparados profesionalmente para ese trabajo. En tanto
sigan siendo políticos frustrados que ven las embajadas como premios de
consuelo de poco servirá introducir la meritocracia
en la selección de los funcionarios de carrera.