La matriz neoliberal
Patricio Navia
Revista Capital,
#192, noviembre 2, 2006
La Concertación
dejará como su mejor legado la consolidación y el perfeccionamiento del modelo
neoliberal. Ya es hora que el liderazgo concertacionista
asuma, con sus luces y sombras, la responsabilidad de esta gigantesca
responsabilidad.
Hace unas
semanas, la Presidenta Bachelet planteó que su
desafío era construir un estado de bienestar a partir del “origen de la derecha
de la matriz neoliberal, asistencialista y
subsidiaria que nos legó el gobierno militar.” En esa confusa y desafortunada
frase, Bachelet intentó distinguir entre el
neoliberalismo puro y el énfasis concertacionista por
introducir mayor solidaridad y justicia social. Pero al sindicar a la dictadura
como responsable del modelo, Bachelet reconoció que
la Concertación esencialmente construyó sus políticas económicas a partir del
modelo de Pinochet. A confesión de partes, relevo de
pruebas.
Bachelet también
pareció olvidar que la dictadura se terminó hace 16 años y medio. Aunque las
reformas de Pinochet y sus Chicago Boys sentaron las bases del modelo, el Chile que hoy
tenemos fue construido por la Concertación. Los cuatro gobiernos consecutivos
de la Concertación mantuvieron, refinaron y profundizaron el modelo. Es más,
gracias a ambiciosos programas de subsidio a la demanda, hicieron al modelo asistencialista y subsidiario. Enhorabuena. Chile vive hoy
el mejor momento de su historia. Los pobres son menos pobres que nunca antes,
la clase media finalmente existe en forma independiente del empleo público y el
horizonte de los países desarrollados lo tenemos ahí, a tiro de cañón.
Pero Bachelet, representando una sensación mayoritaria en la
izquierda concertacionista, parece poco orgullosa de
este legado. Pese a haber sido funcionaria, asesora, ministra, candidata y
ahora máxima líder de una coalición que ha gobernado con férrea disciplina
neoliberal, Bachelet todavía parece creer que la
Concertación debiera comenzar a promover políticas económicas diferentes.
Reconocidamente,
en 1990 muchos líderes de la Concertación creían que el país debía abandonar el
modelo neoliberal. Las leyes de amarre de la Constitución de Pinochet y el temor a la polarización llevaron a Aylwin a frenar las demandas por una corrección inmediata al
modelo. Después, ante los buenos resultados económicos y los espectaculares
avances en la reducción de la pobreza, los defensores del modelo en el gobierno
lograron imponer su moderada postura. El neoliberalismo parecía ser cada vez
menos malo (aunque nunca se lo mencionaba directamente por ese nombre.) La
Concertación se fue convenciendo de las virtudes del modelo mes a mes, dato a
dato. Los impulsos por corregir el modelo fueron olvidados y los planes
alternativos quedaron archivados.
Pero si bien las
políticas concertacionistas se desarrollaron dentro
de la matriz neoliberal—con énfasis en la reducción de la pobreza, el “rostro
humano” y la “economía social de mercado”—el discurso de la coalición no se
actualizó. Las diatribas anti-neoliberalismo se mantuvieron
y las críticas al modelo de Pinochet siguieron siendo
populares. Aunque el neoliberalismo era ahora más bien concertacionista,
el discurso de muchos “autoflagelantes” seguía
buscando cambiar rumbo. Felizmente para el país, esas voces se limitaban a poco
prominentes espacios de opinión y vociferantes pero poco influyentes escaños en
el parlamento. La Moneda y los ministerios estaban en férreo control de los concertacionistas neoliberales. Incluso Aylwin
(con sus ocasionales críticas al mercado cruel) se aseguró de mantener a Foxley, Boeninger y los
neoliberales en el control de las políticas económicas. Por cierto, Frei Ruiz-Tagle y Lagos eran abiertamente cristiano y
social demócratas neoliberales.
La llegada de Bachelet a La Moneda ha cambiado un poco las cosas.
Militante del sector menos comprometido con el modelo neoliberal, la impericia
política de Bachelet (a diferencia del experimentado Aylwin) la ha llevado a criticar demasiadas veces el modelo
que su gobierno impulsa, profundiza y consolida. Si bien esas críticas no
tienen correlato en las disciplinadas políticas del gobierno, si envían
confusos mensajes sobre el compromiso ideológico de la Concertación. Dichos
mensajes siembran dudas sobre la claridad de La Moneda respecto a la hoja de ruta.
Aunque resulta excesivo suponer un cambio en el rumbo en las políticas, ya va
siendo hora que la Concertación acepte—y celebre, por cierto—su loable decisión
de haber profundizado, ampliado y tornado más incluyente (dándole rostro
humano) el modelo neoliberal que implantó en Chile la dictadura de Pinochet.