La investidura de Andrés Velasco
Patricio Navia
Capital #196, diciembre 29, 2006
Después de un
inicio algo tímido, el titular de Hacienda se comporta hoy con una actitud más segura
y decidida. Pareciera que después de haber superado los primeros embates del
fuego cruzado de la política concertacionista y de la
Alianza, Velasco ya se siente seguro en el cargo.
En el mundo
académico estadounidense—para el que Velasco se preparó durante su educación en
Yale y luego en Columbia—la
institución del tenure es una piedra angular. Después
de 5-6 años contratados ‘a prueba’ (usualmente en calidad de ‘assistant professors’), los
académicos son evaluados por sus pares. Si la evaluación resulta positiva, el
profesor sube de ranking (associate professor) y adquiere los beneficios de un puesto académico
garantizado en forma vitalicia en esa institución. Diseñado para proteger la
independencia intelectual, el tenure también
constituye una señal pública de reconocimiento de la calidad de la producción
académica. Velasco, que recibió tenure cuando era
profesor en el departamento de economía de New York University, goza de la
misma condición en la Escuela de Gobierno de Harvard.
Si bien el tenure no existe en política—mucho menos en un puesto de
gabinete—la actitud de Velasco durante su primer año en Hacienda recuerda la
forma en que los académicos enfrentan la estructura de incentivos para
conseguir el tenure. Durante los primeros años de su
carrera, los profesores buscan construir una sólida base de publicaciones y
redes de contacto. Si bien intentan que su producción intelectual sea
meritoria, por lo general intentan no ser demasiado rupturistas
(especialmente con el trabajo anterior de los colegas que decidirán sobre el tenure). Pero una vez que tienen tenure, se animan a asumir
posiciones más atrevidas e incluso polémicas. En la medida que haya producido
un trabajo sólido durante los años que estuvieron a prueba, las contribuciones
de un profesor con tenure pueden ser monumentales y
profundamente influyentes.
La analogía del tenure es útil para entender la evolución del comportamiento
de Velasco. Por cierto, él tiene más experiencia en los pasillos de la política
que cualquier titular de hacienda desde Foxley. Participó
activamente en la campaña de Bachelet durante todo el
2005—y también en la de Lagos en 1999—y su vida entera ha estado íntimamente
ligada a la política. Es más, junto a Foxley es el
único ministro de Hacienda chileno que había escrito textos abiertamente políticos antes de
asumir. Su experiencia como columnista en La
Tercera y Capital también lo
expuso a la complicada tarea de ponderar cosas provocativas que decir sin
alienar a los poderosos sobre los que se quiere influir. Pero fue en su oficio
de académico que Velasco aprendió que para tener influencia y poder, primero
hay que hacer bien las tareas, sentar sólidas bases y construir una respetable
reputación. Sólo cuando se logran esos objetivos se puede empezar a ejercer más
influencia y a quebrar los huevos que se necesiten para hacer tortillas.
El comportamiento
de Velasco en Hacienda ha seguido un patrón parecido al de un profesor en tenure-track. Después de un
inicio temeroso—incluso dubitativo—Velasco comenzó a asumir mayores desafíos, a
dar peleas más duras y a meterse en temas más complejos. Durante su primer mes de
trabajo, fue criticado por no involucrarse más en el debate sobre la
subcontratación laboral. Pero después, él lideró la respuesta económica a las
protestas de los estudiantes y apoyó con fuerza a Eduardo Bitrán
en la decisión de construir el puente sobre el Canal de Chacao.
Velasco también se opuso con firmeza a los que pedían una disminución en el
impuesto a la gasolina. Luego impuso su criterio en el aumento del gasto fiscal
en la última ley de presupuesto. Incluso terminó por imponer su
criterio—convenciendo incluso a la Presidenta—sobre la intensidad y forma de
las reformas propuestas para el sistema provisional. Las huellas digitales de
Velasco están también en las propuestas que entregó Bachelet
para combatir la corrupción y modernizar la actividad política. Como guinda de
la torta, Hacienda ahora se ha metido de lleno en el tema de la flexibilidad
laboral (promoviendo el seguro de desempleo para reemplazar las ineficientes
indemnizaciones por años de servicio). Velasco está en todas. Al menos su
nombre y huellas digitales aparecen en las iniciativas más celebradas de La
Moneda.
Cuando el
gobierno se apresta a terminar su primer año en el poder, el comportamiento de
menos a más de Velasco en Hacienda puede ser entendido como la tendencia
natural del académico a sentar primero las bases para luego comenzar a influir
la estructura completa.