Patricio Navia
Revista Capital,
#197, enero 27, 2007
El estado
paternalista es contrario a la visión neoliberal que privilegia derechos
individuales de propiedad. Pero también está en profunda contradicción con la
postura progresista de la izquierda moderna de una sociedad donde las personas
tienen derechos intrínsecos. El neioliberalismo y el
progresismo concuerdan en que los individuos deben ser libres para elegir y que
el estado debe cumplir funciones básicas que garanticen los derechos pero no
restrinjan las libertades. Por eso, en su intento por consolidar un estado con
red de protección social, Bachelet puede construir
alianzas con los neoliberales para poner fin, de una vez por todas, a la
concepción de un estado paternalista.
Las posturas que
privilegian un estado paternalista son populares tanto en la izquierda como en
la derecha. Mientras los primeros suelen ver a los pobres como una poderosa
base electoral para ideologías opuestas al libre mercado, muchos derechistas
entienden el estado como una forma de caridad. Si los
primeros instrumentalizan la pobreza como un mecanismo para conseguir votos,
los segundos tienden a desconocer los derechos sociales intrínsecos de las
personas.
La Presidenta Bachelet ha prometido construir un estado que garantice una
red de protección social adecuada a las necesidades de Chile y apropiada para
nuestro nivel de desarrollo económico. En su importante—pero casi
olvidado—discurso del 21 de mayo pasado, Bachelet
anunció los cuatro ejes temáticos de su gobierno. Una reforma del sistema previsional, la reforma a la educación pre-escolar,
el impulso a la innovación y al emprendimiento, y una mejora en la calidad de
vida en la ciudad son los ejes centrales de su cuatrienio.
Las protestas
estudiantiles primero, la inesperada caída en la tasa de crecimiento después y
los continuos errores no forzados del gobierno durante el 2006, hicieron que la
opinión pública temporalmente olvidara esos ejes. Felizmente, pese a la poca
habilidad demostrada por algunos miembros del gabinete y no obstante la crisis
en los partidos de la Concertación, el gobierno logró avances importantes en
estos temas durante 2006. Si bien la situación económica actual amerita que el
ejecutivo ponga especial énfasis en medidas que den prioridad al crecimiento y
al empleo, la construcción de una red de protección social adecuada para la
realidad y necesidades de Chile es un objetivo que no debiera ser abandonado.
Injustificadamente,
algunos críticos sugieren que Bachelet ilusoriamente
pretende construir un estado de bienestar tipo nórdico. Pero las medidas
concretas que ha impulsado Bachelet—con algunas
excepciones en el tema de mercado laboral—apuntan en la dirección correcta.
Chile necesita de un estado amigo del libre-mercado que privilegie el
emprendimiento y facilite la competencia en cancha pareja. Pero también nuestra
sociedad precisa de un estado que garantice derechos sociales básicos a todos
los ciudadanos. Una red de protección social adecuada, mucho más que un estado
de bienestar, es el legado que Bachelet aspira a
construir en su cuatrienio.
Si bien algunos
críticos correctamente alegan que la Presidenta no pone suficiente acento en el
crecimiento económico y en la generación de empleo, aquellos que están comprometidos
con el libre mercado debieran extender una mano a Bachelet
en su esfuerzo por reemplazar el aparato de estado ineficientemente
paternalista por uno estado que garantice una adecuada red de protección
social. La iniciativa de Bachelet es una oportunidad
inmejorable para que libremercadistas y
socialdemócratas se unan para enterrar definitivamente al estado paternalista.
Después vendrán las importantes discusiones sobre qué derechos sociales mínimos
deben ser garantizados y cuál debiera ser el tamaño óptimo del estado para
garantizarlos adecuadamente.
Porque el
desarrollo se centra en liberar los espíritus emprendedores de las personas y
porque las sociedades exitosas garantizan derechos individuales básicos a todas
las personas, la intención de Bachelet de construir
una red de protección social debe ser aprovechada por los libremercadistas
para terminar con la concepción de un estado paternalista. Porque los chilenos
merecen tener derechos más que caridad, y porque un estado construido sobre los
derechos individuales es el mejor aliado del libremercado,
la primera mujer presidenta de Chile puede, en estratégica alianza con los
sectores más neoliberales, desterrar de nuestro léxico el concepto de estado
paternalista.