Que paguen su entrada
Patricio Navia
Revita Capital,
#198, febrero 23, 2007
Entre sus
iniciativas simbólicas destinadas a promover la transparencia y la probidad en
el gobierno, la Presidenta Bachelet debiera también poner
fin a la tradicional costumbre de que las autoridades de gobierno pueden entrar
gratis a los estadios y a los recintos deportivos. Porque una imagen dice más
que mil palabras, el día que veamos a las autoridades pagar por sus entradas
igual como hace cualquier ciudadano, los chilenos sabremos que el gobierno está
honestamente comprometido con las iniciativas a favor de la probidad y la
transparencia.
Porque el estado
siempre ha subsidiado de alguna u otra (a menudo insuficiente) forma las
actividades deportivas, ya es una tradición que los gobiernos de turno gocen de
la regalía (económicamente irrelevante pero simbólicamente decidoras) de poder asistir
gratis a los estadios. Ya sea porque reciben entradas especiales a cambio de la
utilización de infraestructura deportiva de propiedad fiscal o porque
simplemente se acostumbra que las autoridades no paguen, uno de los privilegios
que gozan los gobiernos de turno es, para decirlo en forma simple, poder ir al
estadio sin tener que pagar entrada.
Debido a que el
estadio—y los eventos deportivos en general—son inusuales instancias donde la
gente tiene la oportunidad de codearse con las autoridades, o al menos verlos
de lejos, la práctica de entrar a los estadios sin pagar entrada repercute
negativamente en lo que debiera ser la percepción de que las autoridades gozan
de los mismos derechos y obligaciones que el resto de los ciudadanos. Porque una
familia que va al estadio tiene que pagar su entrada, la entrada liberada para
las autoridades inevitablemente crea una distancia innecesaria, y este caso además
injustificada, entre los chilenos comunes y corrientes y aquellos que forman
parte de los gobiernos electos para representar los intereses de las personas.
Si las
autoridades de gobierno reciben sueldos igual que el resto de los chilenos, ¿por
qué deberían entrar gratis a los estadios? Uno pudiera alegar a favor de
mejoras en los sueldos o transparencia en las dotaciones salariales de la
burocracia pública para que los funcionarios de confianza reciban justa
compensación con todos sus derechos y privilegios, y no tengan que boletear
como trabajadores independientes. Pero no hay ninguna razón para considerar que
el ingreso gratuito al estadio debiera ser considerado como parte del paquete
de remuneraciones que reciben los hombres y mujeres más cercanos a La Moneda y,
en particular, más cercanos a Chiledeportes y al
Ministerio Secretaría General de Gobierno. Así, con sueldos apropiados a sus
responsabilidades y calificaciones, los funcionarios de confianza podrán
decidir si comprar entradas para los espectáculos deportivos o usar ese dinero
para otros fines.
En el país de
antaño, aquel en que alegadamente un presidente memorablemente dijo que “al que
le toca ministerio no le toca camioneta”, las prebendas asociadas con el
control del estado tenían sentido. Pero un Chile que aspira a ser más moderno,
transparente y probo, no puede darse el lujo de permitir que subsista la mala
práctica de la entrada gratis para las autoridades. Por cierto, el proceso de
institucionalización que ha experimentado el país en años recientes también alcanzó a la forma
en que el estado financia los deportes. De hecho, gracias a que ahora hay mejor
rendición de cuentas pudimos saber la forma en que algunos operadores políticos
habían transformado a Chiledeportes en fuente ilegal
de financiamiento de campañas. El escándalo que produjeron estas revelaciones
probablemente ayudará a que las platas del deporte se utilicen mejor. Sin la
institucionalización de Chiledeportes hubiera sido
mucho más difícil desnudar lo que probablemente siempre fue una práctica común
independientemente del gobierno de turno. Pero en aras de esos mismos esfuerzos
por promover la probidad y la transparencia, la práctica de entradas gratuitas
para autoridades a los eventos deportivos también debiera finalizar. Si el
gobierno recibe entradas gratis, éstas debieran ser sorteadas en forma pública
y transparente entre organizaciones legítimas de la sociedad civil. Las
autoridades pueden pagar sus entradas.
Por eso, la
próxima vez que usted asista a un evento deportivo y se encuentre con una
autoridad de gobierno, en aras de la probidad, la transparencia (pero también
la igualdad promovida por la izquierda socialista en el poder), atrévase y
respetuosamente pregúntele: “respetable autoridad, yo pagué mi entrada. Usted,
¿pagó la suya?”