Epopeya y Papa Villa
Patricio Navia
Revista Capital,
#203, mayo 4, 2007
Los llamados a
censurar la controversial serie de televisión PapaVilla
se ven fortalecidos después que el gobierno impulsara la censura al programa
televisivo Epopeya. En vez de convertirse en adalid de la libertad de
expresión, el gobierno de la Concertación abrió la puerta para que cualquier persona
busque justificar la censura.
La libertad de
expresión es, por definición, un derecho controversial. Nadie necesita
ampararse en ella cuando dice cosas inofensivas. Este derecho debe ser
garantizado precisamente para aquellas personas con puntos de vista minoritarios.
Ya sea cuando se trata de cuestionar a la autoridad o ironizar sobre personas
influyentes, este derecho es especialmente importante en sociedades
caracterizadas por la desigualdad y el disímil acceso a los medios de
información.
La serie de
televisión Papa Villa ha producido polémica por la burda caracterización que
realiza de un imaginario mundo donde cardenales católicos enfrentan la
corrupción y deben lidiar con un infantil papa. Producida por la BBC, esta
serie es “tasteless” (de mal gusto). Pero nadie está
obligado a verla. Aquellos que se sienten ofendidos felizmente tienen decenas
de alternativas en el cable. Más aún, la teleaudiencia tiene todo el derecho de
castigar a MTV por mostrar el programa. Uno puede dejar de mirar ese canal como
señal de rechazo a su línea editorial. Los avisadores pueden retirar sus
anuncios comerciales.
Lamentablemente, cuando
se trata de defender la libertad de expresión, hay muchas voces que prefieren
guardar cómplice silencio en vez de llamar a la cordura a aquellos que
enarbolan la bandera de la censura. Esto es especialmente cierto cuando grupos
poderosos alzan su voz para exigir censura. Es importante que otros actores
igualmente poderosos se consoliden como defensores de las libertades públicas.
Durante años, los gobiernos de la Concertación impulsaron medidas a favor de la
libertad de expresión y se constituyeron en aliados de la libertad de
expresión. Pero después que el gobierno impulsara la censura al programa de TVN
Epopeya, la autoridad no está en posición de hacer llamados a la cordura. La
iniciativa a favor de la censura, impulsada por el Canciller Foxley, secundada por el presidente del directorio de TVN
Francisco Vidal (que reprensiblemente aprovecha esa tribuna como líder de una
empresa pública para hacer política como militante del PPD) y tácitamente
apoyada por el silencio de la propia Presidente Bachelet
hipotecó la autoridad moral de la Concertación para defender la libertad de
expresión. Además, fue inútilmente cortoplacista. El programa de televisión
supuestamente dañino hace dos meses para las sólidas relaciones con Perú será
transmitido en estos días por TVN. Pero el daño para la causa de la libertad de
expresión será mucho más duradero.
El caso de la
serie de televisión Papa Villa demuestra una vez más lo difícil que resulta ser
tolerante cuando grupos mayoritarios de la sociedad se sienten ofendidos.
Abundan los programas de televisión que se burlan de las religiones y sus
adherentes. Regularmente en televisión somos testigos de parodias que
irrespetan a presidentes en ejercicio, empresarios, íconos culturales o figuras
públicas. El ser rostro público implica una elegibilidad implícita para ser
víctima también de la crítica o la ironía pública.
Intentar censuras
constituye, además, un contransentido. Mucha más
gente sabe de la existencia del polémico programa cuando arrecian las críticas.
Más popular se hacen los programas cuando efectivamente son censurados. En la
era de Internet resulta muy fácilmente acceder a ellos. Peor aún, los llamados
a la censura reflejan la intolerancia y el autoritarismo de aquellos que se
consideran moralmente superiores y con capacidad para decidir qué pueden y qué
no pueden ver por televisión pagada los ciudadanos.
Las sociedades
maduras son capaces de tolerar la diversidad y de garantizar espacios para
aquellos que tienen visiones diferentes. El derecho a disentir, aún si es a
través de formas e instrumentos que pueden ser considerados ofensivos, debe ser
respetado. La necesidad de combatir el autoritarismo y la intolerancia son
especialmente importantes en sociedades que tradicionalmente han estado
marcadas por la homogeneidad cultural y por la imposición de valores desde la
elite. Lamentablemente, ahora que algunos levantan su voz para exigir la
censura de un desatinado programa de televisión por cable, el gobierno
centro-izquierdista y socialista de la otrora libertaria Concertación no está
en posición de hacer un llamado a la cordura y alzarse como enemigo de la
censura y garante de la libertad de expresión.