Like-Minded Countries,
Mind the Alike
Patricio Navia
Revista Capital,
#206, junio 15, 2007
La mejor forma en
que Chile puede aprovechar las experiencias de desarrollo de los países afines
es poniendo una atención igualmente intensa a las experiencias de desarrollo
fallidas de los países similares al nuestro. A la par de estudiar a los like-minded countries, debiéramos
también mind the alike (preocuparnos de los parecidos).
Estudiar las
experiencias de países que lograron cruzar el umbral del desarrollo parece una
idea razonable. La iniciativa promovida por Cancillería convoca a pensar en el
largo plazo y a concentrarnos en estrategias de desarrollo nacionales de
Estado, y no solo de un gobierno. Pero al mirar las experiencias de los países
que tuvieron éxito debemos también ser metodológicamente consecuentes y
analizar a los países que han fracasado. Porque muchas de las
políticas exitosas en algunos países fallaron en otros, no debemos ignorar que
todo buen proyecto de investigación debe evitar la selección por variable
dependiente. Cuando uno quiere entender las causas del desarrollo y sólo
estudia países que lograron desarrollarse, puede llegar a conclusiones
equivocadas. Las mismas políticas pueden gatillar en desarrollo en algunos
países, pero no en otros. Por eso, se deben estudiar casos de países
desarrollados y casos de países de desarrollo frustrado para identificar cuáles
son las variables presentes en los primeros y ausentes en los segundos.
Para alcanzar el
desarrollo, los países necesitan de una combinación de buena fortuna y
estrategias adecuadas. Algunos países con limitados recursos que han logrado
dar el salto hacia el desarrollo. Otros han aprovechado positivos términos de
intercambio de sus materias primas para construir la base de su desarrollo. La teoría
de la modernización sugería que todos los países eventualmente convergerían
hacia niveles similares de desarrollo. Esa
teoría clásica postulaba que algunos países se industrializaron antes y por eso
llegaron primero a un estadio de desarrollo superior. Pero como es más difícil
crecer cuando uno ya es desarrollado, los países subdesarrollados pueden
acortar distancias en sus etapas iniciales de desarrollo. Mejor aún, los países
subdesarrollados pueden aprender de los aciertos y errores de los que cruzaron
antes el umbral de desarrollo. Pero el camino al desarrollo sería siempre el
mismo.
Pero algunas teorías
de modernización más recientes sugieren que a medida que pasan los años,
cambian también las vías para llegar al desarrollo. Lo que funcionó para
Estados Unidos hace 100 años no funciona hoy. Tampoco sirve intentar hacer lo
que Corea del Sur hizo exitosamente hace 40 años. Para cada momento histórico,
hay caminos distintos (y no siempre únicos) para alcanzar el desarrollo.
La evidencia nos
muestra que muchos países no logran desarrollarse. Sobran los casos de países
ricos en recursos naturales que han languidecido en la pobreza. Otros que pasan
por periodos de crecimiento elevado, pero se estancan antes de cruzar el umbral
del desarrollo. Las naciones exportadoras de materia prima a menudo ven sus
ciclos de crecimiento asociados al valor de sus exportaciones en los mercados
mundiales. Cuando los ‘términos de intercambio” son favorables, los países se
llenan de recursos (como Venezuela con el petróleo o Chile con el cobre).
Muchos de esos países gastan en demasía en los años de las vacas gordas. Pero
cuando esos precios caen, los efectos negativos perduran por años. Esa historia
se ha repetido tristemente en América latina en los últimos 100 años.
Chile parece no
haber recibido un mal patrimonio de recursos naturales. No tenemos petróleo,
pero el salitre primero y el cobre después han
permitido que obtengamos impresionantes beneficios en nuestra balanza
comercial. Mejor aún, Chile tiene enormes fuentes de energía disponibles en su
territorio (renovables) y otras accesibles en países vecinos cuyos intereses de
largo plazo están perfectamente alineados con los nuestros (Bolivia, gas por
mar). Nuestra incapacidad para cruzar el umbral del desarrollo ha pasado mucho
más por privilegiar estrategias equivocadas que por el patrimonio de recursos
naturales. La insuficiente productividad de nuestra fuerza de trabajo también
debe haber tenido un efecto. Pero la productividad de la fuerza laboral es
también resultado de las políticas de desarrollo—y educación—que implementa un
país.
Por eso, tiene
sentido analizar las experiencias de otros países para aprender lecciones que
le permitan a Chile cruzar el umbral del desarrollo. Pero al mirar cómo lo
hicieron los países exitosos, no debiéramos caer en el facilismo de creer que
hay recetas mágicas. Tampoco debiéramos olvidarnos que para entender los
motivos que facilitan y dificultan el desarrollo, necesitamos mirar tanto a los
casos exitosos como también a los fracasados.