La República en Chile
Patricio Navia
Revista Capital,
#208, julio 13, 2007
En estado de
derecho, la constitución debiese promover y proteger los ideales de libertad e
igualdad. Desde la carta fundamental hasta las leyes menores debieran
consolidar esta concepción de república. La democracia liberal se fortalece en
la medida que sus ciudadanos sientan la libertad y la igualdad como componentes
esenciales de la república.
En La República en Chile. Teoría y práctica del
constitucionalismo republicano (LOM, 2006) Renato Cristi y Pablo Ruiz-Tagle
ordenan un debate crecientemente necesario en un país que hace rato dejó atrás
la transición y que debe asumir su tarea de fortalecer y profundizar una
república constitucional basada en un estado de derecho que garantice la
igualdad y la libertad. Los doctores Cristi y Ruz-Tagle están en inmejorable
situación académica para abordar este debate. Cristi, filósofo y actualmente
profesor en la Wilfrid Laurier
University en Canadá es un reconocido experto en Jaime
Guzmán y en su influencia en la creación del ordenamiento constitucional de
1980. Si bien su propio sesgo es a favor del liberalismo, reconoce las
importantes contribuciones de Guzmán. Pero también subraya las limitaciones en
esta Constitución de 1980 que era, esencialmente, temerosa de la libertad.
Ruiz-Tagle, abogado
de la Universidad de Chile, es fiel representante de la mejor tradición liberal
del país. Este doctor de Yale estuvo en la palestra pública en 2006 cuando su
nombre fue propuesto como Contralor de la República. Los senadores de la
Alianza lo rechazaron por las discrepancias que tenían con la Ministra de la
Presidencia Paulina Veloso. Nadie cuestionó su
impecable currículum. Ruiz-Tagle ha explorado en su producción académica desde
la formación del estado hasta la compleja y a menudo tensa relación entre el
derecho, la justicia y la libertad.
En La República en Chile, abogan por la
reinstauración de un constitucionalismo republicano que “afirma la idea de
libertad e igualdad, y de la ley como su condición necesaria”. En 430 páginas,
revisan nuestra historia constitucional y subrayan cómo, a través del tiempo y
en las varias constituciones que nos han regido, ha existido una tensión entre el
republicanismo y el autoritarismo. En palabras simples, entre un sistema de
gobierno desde abajo-hacia-arriba y uno desde arriba-hacia-abajo.
Las tendencias
autoritarias que han marcado nuestra historia han devenido en esfuerzos por
restringir los derechos de las personas y han debilitado ya sea el concepto de
libertad (como la dictadura de Pinochet) o el de la igualdad (como en la
Constitución actual, incluso después de las reformas de 1989). La desconfianza
en la república que emana de los sectores más conservadores (y por cierto
también de una izquierda que hace 35 años quiso imponer la igualdad a costa de
la libertad e incluso a costa del propio constitucionalismo republicano) ha dificultado
la consolidación de un constitucionalismo republicano. De acuerdo a Cristi y
Ruiz-Tagle, ahora estamos en un momento privilegiado para poder avanzar
decididamente en su consolidación.
Pero este sistema
de gobierno desde abajo-hacia-arriba (esa descripción es mía, no de ellos), no
supone el debilitamiento de las instituciones de democracia representativa ni
mucho menos la extenuación del estado de derecho, de los derechos de propiedad
o del imperio de la ley. La participación (como en los llamados a un gobierno
participativo, o un gobierno de ciudadanos, como alguna vez impulsó la
Presidenta Bachelet) no debe ser entendida como
substituta sino complementaria de la democracia representativa. Mientras la autoridad, la legitimidad y los
mandatos emanan desde abajo hacia arriba, necesariamente se debe gobernar desde
arriba hacia abajo. Pero la rendición de cuentas y su propio origen democrático
garantizan que el gobierno ejerza el poder de forma tal que sus representados
se vean a sí mismos como mandantes y no meramente como gobernados cuyo único
poder reside en un ocasional ejercicio del voto.
Cristi y
Ruiz-Tagle son particularmente críticos de la tentación elitista que siempre ha
afectado a la política chilena. Si bien ambos provienen de ella (sus biografías
pintorescamente señalan que fueron al Saint’s George,
pero no a cuál kindergarten los enviaron sus padres), entienden que la
república debe ser incluyente e igualitaria. En su defensa de la libertad y la
igualdad dentro de un sólido estado de derecho, Cristi y Ruiz-Tagle contribuyen
con un sólido texto indispensable para el debate sobre el Chile que queremos
construir de cara al bicentenario.