Se siente, Hillary
Presidente
Patricio Navia
Revista Capital,
#216, noviembre 2, 2007
Si las
preferencias electorales no cambian demasiado, cuando unos 135 millones de
estadounidenses (el 55% de los 240 millones en edad de votar) escojan a su 44º
Presidente el 4 de noviembre de 2008, Hillary Rodham Clinton debería convertirse en la primera mujer
estadounidense en llegar a la Casa Blanca.
En el mercado de
apuestas de intrade.com, las acciones de la Senadora Clinton para ganar la
nominación presidencial del Partido Demócrata se transan a 72/100. Las de Barack Obama, su más cercano
perseguidor se transan a 12/100. Después de haberse mantenidos casi empatados
hasta mediados de 2007, Clinton subió y Obama cayó
cuando ambos empezaron a participar en los debates televisivos y después que se
informó sobre los dineros recaudados por ambos en el segundo y tercer trimestre
de 2007. Cuando faltan menos de 3 meses para que comiencen las primarias, la
ventaja de Clinton al interior de su partido parece irremontable. Clinton
también lidera las apuestas (47,5/100) para la elección presidencial de
noviembre de 2008, superando por bastante al republicano Rudolph
Giuliani (12/100). Pero esas especulaciones recién
cobrarán sentido cuando los dos partidos hayan escogido oficialmente a sus
nominados.
Por cierto, aunque
parezca obvio sugerirlo, las elecciones sólo se ganan el día que se celebran. Por
eso, los candidatos y sus partidos ponen tanta atención a las campañas. Muchos
electores deciden su voto en las semanas y días anteriores a una elección.
Aunque la situación económica, el desempeño del gobierno saliente y la
percepción ciudadana sobre la dirección en la que va el país constituyen buenos
indicadores para predecir qué partido parte con mejores opciones de ganar, las campañas
al final terminan siendo cruciales para convencer a los indecisos y para
motivar a los partisanos a salir a votar el día de la elección. Los candidatos
saben que esa es la única encuesta que importa. Quien logre más votos en el colegio electoral se
convertirá en el próximo presidente de Estados Unidos. La demócrata Clinton
lleva las de ganar, mientras que quienquiera resulte nominado candidato
republicano tendrá que cargar con las abultadas cuentas políticas del impopular
presidente saliente. El legado de George W. Bush incluye la guerra en Irak, una
economía débil en casa, un dólar debilitado en el mundo y la percepción pública
generalizada de que el país va en la dirección equivocada.
Si las cosas no
mejoran radicalmente, los demócratas deberían recuperar el control de la Casa
Blanca y aumentar su ventaja en el Senado y en la Cámara de Representantes.
Aunque, en Estados Unidos, sacar más votos no implica necesariamente ganar la
elección. El sistema electoral no es de elección directa. Los votos se cuentan
por estado. El ganador de cada estado se queda con un número de escaños en el colegio
electoral. Cada uno de los 50 estados tiene 2 escaños en el colegio electoral (más
3 de Washington D.C.). A esos 103 miembros se suman 435 otros, distribuidos proporcionalmente
de acuerdo a la población de cada estado. Por eso, importa más ganar una
mayoría de votos en el colegio electoral (270 de 538 miembros) que sacar más
votos. Ya que la campaña se realiza estado por estado, aquellos donde predomina
un partido reciben menos atención. Los candidatos y los partidos se concentran
en los estados “indecisos”.
Porque hay que
convencer a los indecisos, una buena señal para anticipar la capacidad de
convicción es la cantidad de dinero que recaudan los aspirantes presidenciales.
En lo que va del año, los candidatos presidenciales ya han logrado recolectar
420 millones de dólares en donaciones (no deducibles de impuestos). El 58% de
ese dinero ha ido a parar a las arcas de los precandidatos demócratas. Y aunque
falta un año para la elección, los candidatos ya han gastado 265 millones (63%
de lo recaudado hasta ahora). A este ritmo, la campaña presidencial de 2008
superará el récord de mil millones de dólares en contribuciones individuales. Con
90 millones recaudados, Hillary Clinton lleva la
delantera. El Senador Barack Obama
ha logrado recaudar 80 millones, pero ha gastado más que Clinton, por lo que
tiene una desventaja en las semanas que faltan para las primarias
demócratas. Entre los republicanos, el
ex alcalde de New York Rudolph Giuliani
ha recaudado 47 millones (y ha gastado 30). Sólo lo supera el ex gobernador de
Massachusetts Mitt Romney,
que ha logrado recaudar 62 millones (pero ya ha gastado 53).
Si las encuestas,
las apuestas en los sitios especializados y los resultados de la recaudación de
contribuciones de campaña sirven de brújula, Giuliani
debiera ser el candidato republicano que enfrente, y sea derrotado, por la
nominada demócrata Clinton. Pero, como tantas veces ha ocurrido en la historia,
los dos meses de campaña antes de que se inicien las primarias y los doce meses
que restan para el día de la votación constituyen oportunidades reales para que
los otros candidatos que todavía están en carrera convenzan al electorado de
que sus opciones son una mejor alternativa para su país.
Los candidatos demócratas
Hillary Rodham Clinton (nacida en 1947) produce sentimientos
encontrados. Su nivel de rechazo es alto entre los republicanos, pero esa
polarización le ayuda entre los demócratas. Los que la odian lo hacen con
fuerza, pero los que la apoyan están dispuestos a abrir la billetera. Después
de 8 años en la Casa Blanca y 6 en el Senado, es difícil que puedan salir
revelaciones que cambien la opinión que la gente tiene de ella. Sus nervios de
hierro y su probada experiencia le ayudan a no cometer errores. Su único
problema es que parece demasiado fría. Y lo es.
Barack Obama (1961) despierta natural simpatía. Su juventud y su exitosa historia de
vida despiertan interés y admiración. Pero el joven senador por Illinois tiene
menos experiencia y profundidad que entusiasmo. Al no poder remontar en las
encuestas, ha aumentado sus ataques a Clinton. Su mensaje positivo inicial ha
sido reemplazado por un discurso crítico contra Clinton que ha ahuyentado
adherentes y, contraproducentemente, ha contribuido a fortalecer a la senadora
por Nueva York. Si juega bien sus cartas, podría suceder a Hillary
Clinton como candidato demócrata. Pero necesita sumar experiencia,
especializarse en temas de políticas públicas, ganar en profundidad y
complementar su entusiasmo con logros concretos como senador.
John Edwards (nacido en 1953) ha abusado de un discurso
populista. Su retórica anti-republicana ha obligado a Obama
a izquierdizar su discurso. Sin quererlo, Edwards ha
terminado siendo un aliado de Clinton, que aparece como la candidata más
razonable y moderada de los demócratas. Edwards podría ser nuevamente el
candidato demócrata a la vicepresidencia, aunque Clinton parecería preferir al
senador demócrata por Indiana Evan Bayh.
Bill Richardson (1947) es hijo de madre mexicana. El gobernador
de Nuevo México fue antes miembro de la Cámara de Representantes, embajador
ante la ONU y Ministro de Energía. Aunque sigue en carrera, parece más
interesado en la vicepresidencia o en ser Secretario de Estado.
La lista de
candidatos demócratas la completan el senador por Connecticut Christopher Dodd, el senador por Delaware Joseph Biden,
el representante por Ohio Dennis J. Kucinich y el ex
senador por Alaska Mike Gravel.
Los candidatos republicanos
Rudolph Giuliani (1944) es ex alcalde de Nueva York. Ex fiscal,
catapultado a la fama por los ataques contra el World
Trade Center, Giuliani
tiene un desafío difícil. Su cuestionado periodo en la alcaldía le ganó muchos
enemigos, especialmente entre la comunidad afroamericana. Sus posturas
liberales a favor del divorcio y su historia personal de 3 matrimonios y
numerosos escándalos lo convierten en un plato difícil de tragar para los
republicanos más conservadores. Por eso intentará reducir su biografía política
a su brillante desempeño del 11 de septiembre de 2001. Sus adversarios se
encargarán de sacar todos los otros trapos al sol. Su mal genio probablemente
lo traicione.
Mitt Romney (1947) es ex gobernador de Massachusetts.
Este empresario mormón fue presidente del comité organizador de las olimpiadas
de invierno de 2002 en Salt Lake City. Aunque ha recaudado más que los otros
aspirantes republicanos, su liberalismo ideológico hacen improbable una
victoria suya en las primarias de su partido. Aunque ha asumido posturas más
conservadoras, ha sido acusado de demasiada disponibilidad a cambiar de
posturas con tal de ganar votos. Le falta carácter.
Fred Thompson (1942) es ex senador por Tennessee, lobbista y actor de televisión. Su personaje de fiscal de
distrito en Law and Order es
mucho más atractivo como candidato presidencial que el Thompson de verdad. En
1973, cuando Thompson era abogado republicano en el Congreso por la
investigación del escándalo de Watergate, Nixon lo
definió, en su grabaciones secretas, como “tonto como una puerta” (dumb as hell).
John McCain (1936), este senador de 71 años de edad fue
prisionero de guerra en Vietnam por 5 años y medio. Hijo de un almirante de la
Armada, McCain es un héroe de guerra respetado y admirado. Pero su decisivo
apoyo a la guerra en Irak le terminó costando su candidatura presidencial.
La lista de
candidatos republicanos la completan s otros candidatos republicanos son el
representante por Texas Ron Paul, el senador por Kansas Sam Brownback,
el representante por Colorado Tom Tancredo, el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, el representate por
California Duncan Hunter y ex diplomatic Alan Keyes.