Los escombros de Jorge Tacla
Patricio Navia
Revista Capital,
#222, febrero 22, 2008
A veces el arte y
la literatura anticipan mejor los fenómenos sociales que las ciencias sociales.
Ya que comparten con la historia esa vocación por explicar lo que pasó, las
ciencias sociales son reacias a explorar hacia el futuro. Porque los procesos
sociales, económicos y políticos son el resultado de infinitas decisiones
tomadas por personas que cometen errores y que no poseen toda la información
necesaria para optimizar sus propios intereses, resulta difícil anticipar el
qué y el cuándo de los próximos fenómenos. Pero por la naturaleza de su oficio,
subjetivo e influenciado por indefinibles percepciones, los artistas muchas
veces anticipan mejor los fenómenos sociales.
En su más
reciente exhibición, el pintor chileno Jorge Tacla resume brillantemente la
creciente percepción de que hay algo profundamente mal en la estructura social
y política moderna. Aunque no hay nada que indique que Tacla se haya inspirado
en América latina, no puedo dejar de relacionar su más reciente producción con
los procesos políticos de la región. Ahora que la economía se prepara para un
aterrizaje un tanto forzoso, inevitablemente la mezcla de estos procesos
políticos y económicos producirá efectos sociales en una región donde la
desigualdad, las revoluciones, los cambios violentos y la inestabilidad han
estado mucho más presentes que la reciente y bienvenida fase de expansión
económica y reducción de la pobreza.
Titulado Rubble (escombros), la exhibición de
Tacla se inauguró en la galería neoyorquina Ramis Barquet (www.ramisbarquet.com) el 24 de enero
recién pasado. La más reciente producción del conocido pintor, nacido en 1958 y
residente en Nueva York, está compuesta de una serie de oleos que muestran ambientes
urbanos abandonados y en evidente descomposición. Con efectos de luces y
sombras que rememoran la bruma otoñal (anticipo del invierno), los oleos
recuerdan esas tétricas imágenes futuristas de los 70 sobre el día después de
la guerra nuclear. Aunque el tema de la destrucción ya es casi permanente en su
producción, en Rubble Tacla llega más
allá. Ahora la destrucción no está solo sobre la superficie (como en sus obras
sobre La Moneda bombardeada). Los escombros están también por debajo de la
tierra, en las raíces mismas de la geografía.
A casi dos
décadas del fin de la guerra fría—y a 20 años del plebiscito que puso fin a la
dictadura de Pinochet en Chile—América latina atraviesa por un singular
momento. Si bien la región ha experimentado cinco años de crecimiento económico
sostenido, los riesgos de la inestabilidad social y política son evidentes. Los
profundos niveles de desigualdad y la evidente falta de inclusión social y
económica han alimentado el éxito electoral y político de candidatos y partidos
que se oponen abiertamente a la globalización y a las políticas de libre
mercado. Desde López Obrador en México hasta Ollanta Humala en Perú, los
candidatos presidenciales que se opusieron a la globalización sacaron más votos
que nunca antes. En algunos lugares, como Bolivia o Ecuador, lograron ganar la
presidencia. Incluso en Chile en 2005, uno de los abanderados de la derechista Alianza,
el UDI Joaquín Lavín, centró su campaña en el combate a la desigualdad, una
bandera que tradicionalmente se asocia con la izquierda.
El crecimiento
electoral de los candidatos opuestos a la globalización se dio precisamente
cuando las economías de la región se expandían a tasas saludables sin
precedentes en la historia reciente. Ahora que la drástica disminución en la
actividad económica estadounidense parece estar provocando un efecto de
contagio en el resto del mundo, los desafíos de inclusión social que enfrenta
América latina crecen. Si cuando las economías andaban bien, la frustración con
el modelo económico alimentó el voto de protesta, ahora que vienen tiempos
menos auspiciosos, el descontento bien pudiera aumentar. Igual que en los oleos
de Tacla, la descomposición social en América latina emana de las raíces de
nuestras desiguales sociedades y se hace evidente la debilidad del contrato
social que une a nuestras frágiles naciones.
Si bien los
artistas talentosos como Tacla tienen esa habilidad para captar procesos
sociales en formación, los políticos tienen las herramientas para adoptar
políticas públicas e introducir reformas estructurales que eviten los colapsos
y que fortalezcan un contrato social más incluyente, con más oportunidades y
más justicia social. Es de esperar que en Chile, así como tenemos artistas con
iluminadora percepción, tengamos también líderes políticos igualmente
iluminados.