Vaya a Cuba, Presidenta
Patricio Navia
Revista Capital,
#225, Abril 4, 2008
Presidenta Bachelet, teniendo en cuenta los desafíos y complejidades
que implica ir al único país del continente cuyas autoridades no son electas
democráticamente, es importante que usted realice la primera visita oficial de
jefa de estado chileno a Cuba. Porque proviene de la izquierda más cercana a la
revolución cubana, usted puede liderar a Chile para asumir el desafío de estar
cerca de Cuba y apoyar su tránsito hacia más desarrollo económico con la mantención
de sus conquistas de justicia social y con tolerancia, pluralismo y, también,
democracia.
La revolución
cubana constituye el evento político más importante en América latina del siglo
XX. Fidel Castro ya se ha ganado un lugar en la historia por sus aciertos y
errores. La historia de Chile está asociada, para bien y para mal, con los
eventos gatillados por la revolución cubana. Pero Cuba también parece estancada
en un pasado doloroso y difícil para América latina. La lógica de la guerra
fría todavía define muchas posturas a favor y en contra del gobierno de Cuba.
En vez de mirar hacia adelante, muchos países de la región todavía formulan sus
políticas hacia Cuba influidos por sus propias interpretaciones del pasado.
Por motivos
diversos, muchos quieren el fin de la revolución. Desde los acérrimos
defensores del libre mercado hasta aquellos preocupados por los derechos
humanos, los opositores del gobierno autoritario cubano adoptan variopintas
iniciativas. El embargo unilateral impuesto por Estados Unidos ha sido la más
evidente y contraproducente de esas políticas. En vez de debilitar al gobierno,
el “bloqueo” ha sido hábilmente usado por la revolución para fortalecer su
apoyo doméstico y justificar presos políticos y la ausencia de democracia. Porque
además el embargo resulta profundamente dañino para el pueblo cubano, Chile
correctamente lo rechaza.
Otros, que
simpatizan con los ideales de justicia social y libertad asociados inicialmente
a la revolución prefieren ignorar la ausencia de democracia y en cambio
denuncian el embargo. Por culpa del “bloqueo”, dicen, no puede haber más
libertades, pluralismo y tolerancia. El gobierno chileno ha sabido separar el ignominioso
embargo de la imperativa necesidad de democracia.
Nuestra
éticamente correcta posición requiere ahora de un mayor involucramiento. Porque
Chile no debe olvidarse del pueblo cubano, es imprescindible que usted vaya. En
la gira, usted debiera promover las relaciones comerciales. La mejor forma de
ayudar a Cuba es invirtiendo allá. Si el gobierno cubano toma las medidas
necesarias para facilitar dichas inversiones, los beneficios económicos para
Chile serán enormes. Si consolidamos nuestra presencia antes que nuestros vecinos,
los beneficios serán mayores cuando las cosas cambien en ese país.
Porque las cosas
inevitablemente cambiarán. Pero pudieran no cambiar para bien. Cuba arriesga
volver a las dictaduras pre-revolucionarias o perder las conquistas de justicia
social en caso de desplome del régimen. Por eso es necesario colaborar en un
cambio para bien. No corresponde ir a decir a los cubanos qué deben hacer.
Ningún país quiere directrices externas. Hay que ir a apoyar a Cuba
fortaleciendo lazos comerciales, culturales y sociales.
Pero también hay
que compartir los valores que defendemos y promovemos como país. Usted tiene
autoridad moral para hablar de derechos humanos en cualquier lugar sin ofender
a nadie. Usted, más que ningún otro mandatario de la región, tiene la
legitimidad democrática, y de izquierda, para apoyar los cambios positivos y
advertir sobre caminos equivocados.
Presidenta, usted
admira la revolución cubana. Qué duda cabe que en sus primeros años produjo enormes
logros. La dignidad de ese sufrido pueblo es loable. Pero usted también es consciente
de la necesidad de cambio. Para salvar los logros de la revolución, debe haber
tolerancia y pluralismo. La democracia debe ser una realidad posible y cercana.
Tanto las autoridades como el pueblo, y ciertamente los disidentes, deben oír
sobre la necesidad de un saludable cambio de boca de los amigos de Cuba. Nadie
mejor que usted, Presidenta, para llevar ese mensaje.
Al rechazar
activamente el embargo, podemos construir una relación económica y comercial
más profunda con Cuba que nos permita también promover los principios de
libertad, tolerancia, pluralismo, respeto a los derechos humanos y democracia
que tan bien nos han hecho a Chile. Presidenta, vaya a Cuba a demostrar con
palabras y hechos concretos nuestra amistad. No calle en su denuncia al
embargo, pero tampoco lo haga al compartir nuestra experiencia exitosa de
democracia plural y tolerante. El pueblo cubano se lo agradecerá. Incluso el
gobierno de Cuba valorará ese gesto de sincera amistad en un momento cuando soplan
con creciente intensidad los vientos de cambio.