Fernando Flores
Patricio Navia
Revista Capital, #227, mayo 2, 2008
En la larga lista de chilenos que parecen
creer que el país no ha querido reconocer sus contribuciones ni ha sabido
aprovechar sus talentos, Fernando Flores ocupa un lugar privilegiado. Pero en
lo que respecta a su carrera política, el desempeño del senador ha sido cuando
mas discreto y su legado en materia de leyes abiertamente mediocre.
Flores llego al Senado en marzo de
2002, después de heredar el escaño que ocupaba su ex amigo Sergio Bitar por Tarapacá.
Al anunciar que no buscaría la re-elección, Sergio Bitar, hombre ilustre de la
Concertación, cometió la torpeza de proclamar a un sucesor. Flores, que no
había tenido participación relevante en el PPD, se convirtió en candidato sin
haberle ganado a nadie. Además de usar un vergonzoso resquicio legal para
inventar residencia en Iquique, Flores realizó una campaña basada mucho más en
el dinero que en las ideas. Porque entonces la legislación sobre el
financiamiento de campañas era anodina, no sabemos cuánto gastó. Pero por las
denuncias de los otros candidatos, aparentemente Flores abrió su abultada
billetera para llegar al Senado. Contradictoriamente a su defensa de las ideas
por sobre la imposición de la fuerza de las armas o del dinero, Flores confió
más en su plata que en las ideas en su debut político.
Con un 30,5% de los votos, Flores obtuvo
un 9% menos que lo logrado por Sergio Bitar 8 años antes. El UDI Jaime Orpis (24,7%) ganó el otro escaño. Existían altas
expectativas, alimentadas por el propio Flores, sobre el desempeño y el
liderazgo que podría tener este exitoso empresario/intelectual en promover la
innovación, el desarrollo tecnológico y la mejorar en la calidad de la
educación. Incluso, las expectativas que generó este intelectual/empresario
llevaron a muchos a pensar que Flores podría convertirse en candidato
presidencial.
Las encuestas nunca lo acompañaron. Cuando
declaró su intención de buscar La Moneda en 2004, lo suyo terminó siendo poco
ruido y aún menos nueces. Después de su renuncia al PPD en enero de 2007,
Flores anunció la creación de un nuevo referente: Chile Primero. En octubre de
2007 se anunció que el movimiento se convertiría en partido político. Seis
meses después, Chile Primero ha tenido problemas para juntar las firmas
necesarias para constituirse en partido. Porque ha devenido en una improbable
alianza entre Flores y Jorge Schaulsohn, dos líderes
más preocupados de sus carreras personales que de construir instituciones, el
movimiento oscila entre convertirse en Chile Último o bien devenir en un Flores
o Schaulsohn primero.
Así y todo, Flores ha generado
suficiente atención para atraer la atención de la Alianza. El Senador Andrés Allamand lo ha invitado a competir en primarias. Otros lo creen
capaz de convocar suficientes votos como para darle la victoria a Piñera en 2009. Pero nadie en la Alianza parece interesado
en tener a Flores como el líder. Al final del día, Flores ha sido incapaz de
posicionarse como un candidato presidencial creíble.
El desempeño legislativo de Flores ha
distado de ser espectacular. En sus seis años en el Senado, ha presentado sólo
8 proyectos de ley. Hay tres en tramitación y sólo uno se convirtió en ley
(sobre reducción de penas para presos políticos). Respecto a sus pares, Flores
es uno de los senadores menos productivos. Su desempeño en las comisiones ha
sido inconstante y muy distante de las expectativas generadas por él mismo.
Flores no se
cansa de repetir que fue Ministro de Allende. Duró 210 días como titular de
Hacienda, un ministerio poco importante entonces, cuando la visión estatista de
la economía hacía de Economía el centro de poder. En un gobierno donde los
ministros rotaban frecuentemente, Flores sucedió en el cargo a los ministros Zorrilla
(592 días) y Millas (208), y antecedió a al Almirante Montero (19 días) y al
Contraalmirante Arellano (15).
Por tres años, Flores
fue preso político en Isla Dawson. Al salir al exilio, se doctoró en la U. de
California en Berkeley (1982). Su tesis, titulada “Administración y comunicación
en la oficina del futuro” constó de 114 páginas. Posteriormente, desarrolló un
sistema para conectar computadoras. El “Coordinador” tuvo tanto éxito que, de
acuerdo al Wall Street
Journal, hizo a Flores millonario. En los 90,
dividió su tiempo entre California y Chile. Pero cuando Bitar lo proclamó como
su sucesor, Flores rápidamente aprovechó la oportunidad para iniciar lo que
varios anticipaba sería una exitosa carrera política. Seis años después, los
resultados han sido discretos.
En su frustración,
Flores parece determinado a sumarse a la lista de aquellos autoproclamados líderes
del futuro que se han desilusionado porque Chile no estaba preparado para sus
innovadoras ideas.