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La Importancia de Tener un Timbre
David
Gallagher
David Gallagher
No he podido no acordarme, estos días, del intento que hizo la DC en 1987
de inscribir el rombo que figura en su logo. En el "Diario
Oficial" informaron que tenía "dos ángulos de más o menos 33
grados" y dos de "más o menos 66 grados". O sea sus ángulos
sumaban más o menos 198 grados, y no los 360 que nos impone lageometría. Me
permití preguntarme entonces, en este espacio, qué significaba ese mero
proyecto de rombo, ese rombo abierto e inconcluso de la DC. ¿Tenía algún
abstruso significado, o se trataba de un error administrativo?
¿Y la inscripción, esta vez, de los candidatos? La solución ideada dejó
mucho que desear. Alguna solución tenía que haber. El problema afectaba no
sólo a la DC, sino a casi todos los chilenos, porque casi todos queremos
elecciones representativas. Pero, ¿por qué se optó por postergarlas? ¿No
había una solución menos olímpica, una que no afectara los planes de tanta
gente? ¿Por qué no se pudo aplazar la fecha de inscripción de los
candidatos? Como lo señala Patricio Navia en la revista
"Capital", las campañas en Chile son demasiado largas, debido en
parte a que la ley exige que los candidatos sean inscritos 150 días antes
de la elección. ¿No podrá este episodio por lo menos servir para que
pensemos en acortar ese plazo? Tal vez se pueda revisar cuando el Congreso
reduzca el período presidencial a cuatro años, para que las elecciones
presidenciales coincidan con las parlamentarias, otra medida que reduciría
la excesiva politización electorera que padecemos. ¿Y eso cuándo ocurrirá?
Con el episodio de la inscripción, muchos han rasgado vestiduras en contra
de una supuesta "clase política". Cabe estar alerta cada vez que
se oye la palabra "clase". En el mejor de los casos, su uso
implica una generalización. Pero el uso obsesivo que se está dando a la
frase "clase política" en Chile no es ya sólo un síntoma de
desidia intelectual, como lo son tantas veces las generalizaciones: me
parece peligroso para nuestra democracia. No hay duda de que los políticos
deben ser severamente criticados, como cualquier grupo de gente: la escuela
de "public choice" nos muestra que un político persigue su
interés propio como cualquier agente económico. Pero si ponemos a todos los
políticos en un mismo saco, no podremos distinguir entre los malos y los
buenos. Y la denuncia de una "clase política" sin distinciones
deja la impresión de que en grandes sectores del país cunde un sentimiento
hostil a la democracia.
La acotación más interesante al episodio de la inscripción la hizo, en este
diario, Alvaro Fisher Abeliuk. Según él, lo que más resalta es nuestro
desconfiado apego al formalismo legal. En nuestro sistema no hay palabra
honesta que valga frente a lo que está escrito, registrado, certificado y
timbrado, aunque la palabra diga la verdad y lo certificado y timbrado sea
falso. Es el sistema que tenemos, y no sé si lo podemos cambiar. Pero sin
duda reprime mucho valor en nuestra sociedad. Para dar dos ejemplos:
mientras sólo valga lo que está formalmente establecido, y mientras el
legislador trate de cubrir por escrito cada eventualidad, nunca tendremos
en Chile un mercado de capitales dinámico, por muchas reformas que le
hagamos, y siempre tendremos una alta tasa de evasión tributaria, por mucha
ley que se idee para reducirla.
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