El Mercurio, Santiago de Chile, Viernes 27 de Julio de 2001

 

 


La Importancia de Tener un Timbre

David Gallagher

David Gallagher

No he podido no acordarme, estos días, del intento que hizo la DC en 1987 de inscribir el rombo que figura en su logo. En el "Diario Oficial" informaron que tenía "dos ángulos de más o menos 33 grados" y dos de "más o menos 66 grados". O sea sus ángulos sumaban más o menos 198 grados, y no los 360 que nos impone lageometría. Me permití preguntarme entonces, en este espacio, qué significaba ese mero proyecto de rombo, ese rombo abierto e inconcluso de la DC. ¿Tenía algún abstruso significado, o se trataba de un error administrativo?
¿Y la inscripción, esta vez, de los candidatos? La solución ideada dejó mucho que desear. Alguna solución tenía que haber. El problema afectaba no sólo a la DC, sino a casi todos los chilenos, porque casi todos queremos elecciones representativas. Pero, ¿por qué se optó por postergarlas? ¿No había una solución menos olímpica, una que no afectara los planes de tanta gente? ¿Por qué no se pudo aplazar la fecha de inscripción de los candidatos? Como lo señala Patricio Navia en la revista "Capital", las campañas en Chile son demasiado largas, debido en parte a que la ley exige que los candidatos sean inscritos 150 días antes de la elección. ¿No podrá este episodio por lo menos servir para que pensemos en acortar ese plazo? Tal vez se pueda revisar cuando el Congreso reduzca el período presidencial a cuatro años, para que las elecciones presidenciales coincidan con las parlamentarias, otra medida que reduciría la excesiva politización electorera que padecemos. ¿Y eso cuándo ocurrirá?

Con el episodio de la inscripción, muchos han rasgado vestiduras en contra de una supuesta "clase política". Cabe estar alerta cada vez que se oye la palabra "clase". En el mejor de los casos, su uso implica una generalización. Pero el uso obsesivo que se está dando a la frase "clase política" en Chile no es ya sólo un síntoma de desidia intelectual, como lo son tantas veces las generalizaciones: me parece peligroso para nuestra democracia. No hay duda de que los políticos deben ser severamente criticados, como cualquier grupo de gente: la escuela de "public choice" nos muestra que un político persigue su interés propio como cualquier agente económico. Pero si ponemos a todos los políticos en un mismo saco, no podremos distinguir entre los malos y los buenos. Y la denuncia de una "clase política" sin distinciones deja la impresión de que en grandes sectores del país cunde un sentimiento hostil a la democracia.

La acotación más interesante al episodio de la inscripción la hizo, en este diario, Alvaro Fisher Abeliuk. Según él, lo que más resalta es nuestro desconfiado apego al formalismo legal. En nuestro sistema no hay palabra honesta que valga frente a lo que está escrito, registrado, certificado y timbrado, aunque la palabra diga la verdad y lo certificado y timbrado sea falso. Es el sistema que tenemos, y no sé si lo podemos cambiar. Pero sin duda reprime mucho valor en nuestra sociedad. Para dar dos ejemplos: mientras sólo valga lo que está formalmente establecido, y mientras el legislador trate de cubrir por escrito cada eventualidad, nunca tendremos en Chile un mercado de capitales dinámico, por muchas reformas que le hagamos, y siempre tendremos una alta tasa de evasión tributaria, por mucha ley que se idee para reducirla.